La educación dominicana no debe ser un espacio para premiar lealtades partidarias ni acomodar personas sin la preparación necesaria, ya que el futuro de los niños exige capacidad, no favores. A pesar de los cambios de administraciones, los problemas que afectan el sistema educativo persisten, lo que lleva a cuestionar si se están eligiendo a los más preparados para dirigir la enseñanza.
Es preocupante que un sector tan crucial continúe enfrentando dificultades de gestión. No es suficiente con tener presupuesto, inaugurar escuelas o anunciar programas; se requieren resultados tangibles que se reflejen en las aulas.
El Ministerio de Educación necesita autoridades con experiencia, liderazgo, visión y compromiso. Cada nombramiento debe responder a las exigencias del cargo y no a intereses ajenos al bienestar de los estudiantes.
Es momento de dejar de improvisar en la educación dominicana. Los niños merecen maestros capacitados, centros educativos dignos y una enseñanza que realmente les brinde oportunidades para el futuro.
La responsabilidad de exigir cambios también recae en la sociedad. Padres, docentes, asociaciones comunitarias y ciudadanos deben involucrarse, supervisar las condiciones de las escuelas y demandar respuestas concretas.
No es suficiente con quejarse en las redes sociales. Es necesario exigir al Ministerio de Educación informes públicos sobre los resultados de aprendizaje, criterios transparentes para los nombramientos y soluciones con plazos definidos para las deficiencias en cada centro educativo.
La educación debe ser considerada una causa nacional, no un tema de disputa partidaria. Cuando la educación falla, no solo pierde un ministro o un partido, sino que se pierde una generación y, con ella, el futuro de la República Dominicana.

