Francia ha advertido a los jóvenes dominicanos sobre el riesgo que representa el creciente nivel de deuda pública, que actualmente alcanza el 119% de su producto interno bruto (PIB). Este panorama se presenta como una lección sobre las consecuencias de un gasto público irresponsable, donde cada ciudadano francés debía aproximadamente 57,743 dólares en 2025. La advertencia se hace en un contexto donde el gasto del gobierno supera el 57% del PIB, lo que inevitablemente incrementa la deuda.
El mensaje se dirige especialmente a los más jóvenes, quienes, a lo largo de su vida, podrían cargar con el peso de esta deuda acumulada. Las crisis fiscales surgen cuando la carga se vuelve insostenible, lo que obliga a realizar ajustes económicos. La situación se complica aún más al considerar que la Oficina Nacional de Estadísticas estima que para 2026, la fecundidad en el país se reducirá a menos de dos hijos por mujer, lo que implica que habrá menos personas para contribuir al pago de la deuda.
Además, se prevé que los nuevos nacimientos tengan una esperanza de vida mayor, pasando de 69.3 años en 2001 a 75.7 años en 2026. Esto significa que los jóvenes no solo vivirán más, sino que también enfrentarán las consecuencias de una deuda creciente durante un período más prolongado. En comparación, la deuda dominicana ha crecido a un ritmo anual compuesto del 10.2% en los últimos 25 años, superando el crecimiento del 6.0% de la deuda francesa.
En el ámbito de los intereses, la República Dominicana destina un 3.9% de su PIB al pago de intereses de la deuda pública, en contraste con el 2.9% de Francia. Esta situación resalta la necesidad urgente de cambiar el rumbo fiscal y reducir el gasto público, ya que la deuda dominicana crece a un ritmo acelerado y los intereses que se deben pagar son cada vez mayores en relación a la producción del país.
Finalmente, se hace un llamado a los jóvenes para que comprendan que la ética del trabajo es fundamental para el desarrollo personal y colectivo. Depender de las dádivas gubernamentales puede empobrecer no solo el espíritu, sino también la economía de los ciudadanos. La historia ha demostrado que la alternativa viable es producir en libertad, lo que puede llevar a un futuro más sostenible y próspero.

