La Asamblea General de la ONU condenó este miércoles el embargo de Estados Unidos contra Cuba con una votación de 130 a favor, 17 en contra y 25 abstenciones, marcando un notable descenso en el apoyo internacional en comparación con el año anterior, cuando más de 160 naciones respaldaron la medida. Este es el 34.º año consecutivo que se presenta esta resolución, aunque varios países votaron en contra o se ausentaron por primera vez.
Entre los países que se abstuvieron se encuentran Alemania, Italia y Letonia, mientras que Bosnia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Lituania, Marruecos, Macedonia del Norte, Paraguay y Eslovenia votaron en contra, la mayoría de ellos por primera vez. Aunque estas resoluciones no son vinculantes, reflejan la opinión global sobre el embargo.
El contexto actual es crítico para Cuba, que enfrenta apagones y escasez de recursos, mientras el gobierno del presidente Donald Trump busca intensificar la presión económica para forzar cambios en el sistema político de la isla. Trump también ha mencionado la posibilidad de una intervención militar, sugiriendo que buques de guerra estadounidenses podrían hacer escala en Cuba tras su conflicto con Irán.
Antes de la votación, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, denunció el embargo como una agresión económica por parte de una gran potencia que busca la dominación. Por su parte, el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, instó a los países miembros a considerar su voto como un freno al «régimen comunista» de Cuba.
Las tensiones entre Washington y La Habana se han intensificado en foros públicos de la ONU, donde Waltz y Rodríguez intercambiaron acusaciones durante el debate sobre la resolución. Rodríguez confrontó a Waltz, llamándolo mentiroso, mientras este último insistía en su postura sobre el gobierno cubano.
Este tipo de confrontaciones marcan un cambio en la dinámica diplomática tradicional en la ONU, evidenciando una nueva fase de confrontación entre Estados Unidos y Cuba. El embargo, que se instauró en 1960 tras la revolución de Fidel Castro, ha tenido un impacto profundo en la economía cubana, que ahora enfrenta una crisis energética agravada por las políticas de Trump.
La advertencia de Trump sobre la imposición de aranceles a países que suministren petróleo a Cuba ha llevado a una reducción drástica en el suministro de combustible, provocando apagones generalizados que afectan servicios esenciales como el agua y las telecomunicaciones.

