En París, tras las violentas manifestaciones del sábado, se han detenido a 1,800 personas debido a disturbios y saqueos masivos que dejaron la ciudad en un estado de caos. La situación se tornó desoladora, con bicicletas calcinadas y tiendas vandalizadas en el centro de la capital francesa.
La parisina Cécile Rogue, de 57 años, expresó su descontento al observar el daño causado, afirmando que grupos de jóvenes actuaron con total impunidad. A las 08:00 de la mañana, el aire aún olía a quemado, mientras que un grupo de hombres limpiaba un gran cristal roto de la tienda de muebles Roche Bobois.
La violencia también afectó a negocios locales, como la tienda Asics, donde los saqueadores se llevaron zapatillas valoradas en 200 euros. Anita Gras, quien salió a correr, relató que tuvo que esquivar basura y escombros, y mencionó que algunos estudiantes de secundaria participaron en los disturbios.
Mehmet Ozden, un costurero jubilado de 78 años, describió la situación como una guerra, recordando que su perro tuvo miedo durante la noche de los disturbios. Ozden lamentó que la violencia afecta la percepción de Francia, afirmando que «ya no es lo que era».
Cécile Rogue, organizadora de viajes, anticipa consecuencias negativas para el turismo en la ciudad, señalando que la imagen de París ha cambiado drásticamente en comparación con la visita reciente del papa. Una turista, que prefirió no dar su nombre, describió su experiencia como «horrible» y se mostró asustada por los incidentes.
En la estación de metro de la plaza de République, aún se percibe el olor a gases lacrimógenos, mientras que las labores de limpieza avanzan en las calles aledañas. Agentes de seguridad vigilan los escaparates destrozados de las tiendas, mientras que los desechos y casquillos de gases lacrimógenos permanecen esparcidos por las aceras.
Las bicicletas calcinadas se han amontonado para no obstaculizar la circulación, y en una tienda de cosméticos cercana, los restos del saqueo son evidentes con escaparates quebrados y envases rotos en el suelo. Aunque la alarma sigue sonando, nadie ha acudido a atender la situación.
Cerca de la plaza de République, ya no quedan rastros de los proyectiles lanzados por la policía, pero los montones de basura y los coches calcinados son testigos del caos vivido el sábado.

