La economía de la República Dominicana crecerá un 4.7 % al cierre de 2026, superando la proyección regional de un 2.2 %, según el Banco Mundial. Este crecimiento representa una recuperación significativa en comparación con el 2.1 % registrado en 2025.
El informe «Panorama económico de América Latina y el Caribe: Aprovechando la transición de la IA – octubre 2026» destaca que la expansión dominicana se debe a una sólida inversión y actividades mineras, impulsadas por una reforma tributaria pro-crecimiento. El país se posiciona como el segundo en crecimiento económico en América Latina y el Caribe, empatado con Paraguay y solo detrás de Guayana, que se estima crecerá un 23.7 % gracias a su producción petrolera.
Proyecciones de crecimiento
La expansión del 4.7 % de la economía dominicana está significativamente por encima del promedio regional, que se espera sea del 2.2 %. Esto indica que el país caribeño crecerá más del doble en comparación con la media de la región.
El Banco Mundial también prevé que el crecimiento se moderará ligeramente a un 4.4 % en 2027, pero se acelerará nuevamente a un 4.8 % en 2028. Esto sugiere que la recuperación económica dominicana no será un fenómeno aislado.
Sin embargo, el informe señala que la región enfrentará un crecimiento moderado debido a desafíos estructurales que afectan sus perspectivas. Se anticipa que el PIB per cápita en América Latina y el Caribe apenas crecerá en 2026, lo que refleja un desempeño débil en términos de ingresos para los residentes promedio.
Desafíos y riesgos
El Banco Mundial advierte que, a pesar de las condiciones de financiamiento global más laxas y los precios elevados de las materias primas, la incertidumbre mundial y factores internos adversos, como un espacio fiscal limitado y una demanda privada moderada, podrían afectar el crecimiento. Además, el conflicto en Medio Oriente y sus repercusiones en los precios de la energía representan riesgos adicionales.
También se menciona que fenómenos climáticos como sequías e inundaciones podrían interrumpir la producción y aumentar las presiones sobre los precios de la energía y los alimentos, complicando aún más el panorama económico de la región.

