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Pescadores de Puerto Esperanza luchan por sobrevivir ante crisis energética

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En Puerto Esperanza, un pueblo pesquero de la provincia de Pinar del Río, los pescadores enfrentan una dura realidad con solo dos horas diarias de electricidad, lo que dificulta el almacenamiento de la pesca. La crisis energética y la escasez de combustible han llevado a los lugareños a luchar diariamente por su subsistencia en medio de la crisis cubana.

Al amanecer, los pescadores, como Eusebio Pérez, de 70 años, se aventuran al mar en sus rústicos botes de madera en busca de sustento. A pesar de las dificultades, Pérez, quien se dedica a la pesca deportiva desde hace ocho años, sostiene que su oficio le permite «mantener a su familia» y vivir «normal».

Alexis González, de 45 años, también enfrenta complicaciones. Su bote averiado se encuentra anclado en el deteriorado puente de madera del puerto. González señala que cada jornada se vuelve más «complicada» debido a la escasez de combustibles, lo que obliga a los pescadores a salir diariamente para subsistir.

El costo del petróleo en el mercado negro ha aumentado, alcanzando los dos dólares por litro, y su bote requiere entre cinco y ocho litros por salida. «A veces no se pesca nada, y viras vacío, y hay veces que ni el petróleo pagas», comenta González, quien antes tenía una carpintería pero tuvo que abandonarla debido a la crisis.

La situación ha empeorado desde enero, cuando comenzó el bloqueo petrolero de Estados Unidos contra la isla, exacerbando una crisis que ya se venía gestando tras la pandemia. En este contexto, el pescado escasea y, cuando se encuentra, se vende a precios elevados.

José Machado, médico del pueblo, señala que con su salario de 8,880 pesos (11 dólares) es «imposible» acceder a los precios del pescado, que no baja de cinco dólares. Esta realidad se refleja en Mireya Acosta, de 70 años, quien ha perdido la esperanza de mejorar su vida en su lugar de nacimiento.

Acosta trabaja en el sector del tabaco, una de las pocas actividades económicas que quedan en la isla. A pesar de la resistencia de este sector, reconoce que no le queda otra opción que «luchar» en medio de la crisis. Lo que antes era un puerto de esperanza, hoy se ha convertido en un lugar de supervivencia.

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