La Unesco propone reformar la forma en que se recompensa la investigación científica, que actualmente se basa en la cultura de «publicar o perecer», según un análisis presentado este miércoles en París. Este informe, titulado ‘Science at a turning point’ (‘La ciencia en un punto de inflexión’), busca hacer la ciencia más sostenible y equitativa, especialmente para los países en desarrollo.
El informe fue presentado durante la Conferencia Mundial 2026 del Decenio Internacional de las Ciencias para el Desarrollo Sostenible (IDSSD), que se lleva a cabo en la sede de la Unesco en París. Este evento reúne a más de 800 personalidades de la ciencia y la política para evaluar el estado de la ciencia mundial y su contribución a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Jaled al Anani, director general de la Unesco, destacó que el desafío es garantizar que la ciencia sea inclusiva, confiable y abierta, y que genere acciones significativas para todos los sectores de la sociedad. Entre los asistentes se encuentran figuras como la vicepresidenta de Guatemala, Karin Herrera, y el director general del CERN, Mark Thomson.
Durante su intervención, Herrera subrayó la importancia de integrar el conocimiento indígena en la investigación científica para enfrentar desafíos ambientales. Además, el secretario general de la ONU, António Guterres, enfatizó que la ciencia es un «poderoso acelerador» para el progreso de las naciones.
El informe de la Unesco también destaca avances desde el lanzamiento de la IDSSD, con 50 millones de dólares movilizados para contribuir a los ODS. Sin embargo, señala un desequilibrio significativo en la participación de los países en desarrollo, especialmente en África, que representa menos del 10% de las iniciativas a pesar de tener el 17.5% de la población mundial.
Para abordar esta brecha, el informe sugiere cinco reformas estructurales, comenzando por cambiar la cultura de recompensa en la investigación. También se propone ampliar el acceso equitativo a la infraestructura científica y fomentar conexiones entre la comunidad científica y los tomadores de decisiones.
Las recomendaciones adicionales incluyen restablecer la confianza pública en la ciencia a través de la integridad y la alfabetización científica, así como gestionar responsablemente las nuevas tecnologías, incluida la Inteligencia Artificial, antes de que superen la capacidad de control.
El estudio también resalta la necesidad de que la ciencia sea abierta, analizando el progreso de 81 países que se unieron a la Recomendación de la Unesco sobre Ciencia Abierta. Aunque el 79% de los gobiernos afirman tener un marco político sobre ciencia abierta, solo el 41% cuenta con un plan de implementación efectivo.

