Entre 2020 y mayo de 2026, los conflictos por deudas en la República Dominicana dejaron un saldo de 52 personas asesinadas y 110 heridas. Este fenómeno se ha intensificado a medida que los prestamistas informales, que operan a través de «rutas» de cobradores, han proliferado en diversas comunidades, ofreciendo créditos a trabajadores informales que no tienen acceso a la banca tradicional.
Raúl De la Rosa, un motoconchista de Santo Domingo Este, es uno de los muchos que dependen de estos préstamos. Él paga dos créditos, uno de 5,000 pesos y otro de 25,000 pesos, lo que refleja la necesidad urgente de dinero que enfrentan muchos dominicanos. La rapidez en la obtención de efectivo es un factor clave en el éxito de estos prestamistas, aunque también conlleva riesgos significativos.
Según datos obtenidos por Diario Libre, los conflictos relacionados con deudas han resultado en un aumento de la violencia. En 2025, se registraron 13 asesinatos y 31 heridos, con armas de fuego involucradas en 102 de los casos. Uno de los incidentes más notorios ocurrió en enero de este año, cuando se encontraron los cuerpos de dos cobradores de préstamos en Santiago.
Los expedientes policiales indican que las disputas por deudas a menudo terminan en violencia, con cobros compulsivos y represalias. Raúl señala que los prestamistas mantienen un contacto constante con sus deudores, a veces incluso proporcionando teléfonos móviles a cambio de pagos diarios.
Métodos de cobro y presión psicológica
La presión psicológica es una constante en este tipo de préstamos. Raúl menciona que los cobradores utilizan tácticas de intimidación, aunque él considera que estas amenazas son más un juego que una realidad. En Santiago Oeste, los prestamistas operan bajo nombres como Rapiditos o Cuartos Rápidos, comenzando con pequeñas cantidades y aumentando los montos a medida que el cliente gana confianza.
Carmen, quien ha recurrido a estos préstamos, relata que los prestamistas a veces dejan dinero en los hogares de los clientes sin que estos lo soliciten. Sin embargo, los atrasos en los pagos traen consigo humillaciones, incluyendo insultos públicos y daños a la mercancía de los deudores.
Las rutas de préstamos han evolucionado y ahora abarcan una amplia geografía, desde Samaná hasta San Pedro de Macorís. Los cobradores, que a menudo no son propietarios del dinero, actúan como intermediarios y utilizan tecnología moderna para gestionar las cuentas y realizar cobros.
La expansión de estas prácticas refleja la falta de acceso al sistema financiero formal. Don Máximo, un vendedor de mangos, comparte su experiencia al señalar que los bancos exigen numerosos requisitos que dificultan la obtención de préstamos, a diferencia de los prestamistas informales que solo preguntan cuánto necesita el cliente.
Víctor, un prestamista con una década de experiencia, reconoce que aunque estos préstamos no benefician a quienes ya enfrentan dificultades económicas, son la única opción viable para muchos dominicanos en una situación crítica. La creciente dependencia de estos servicios no solo resalta la necesidad de una regulación más efectiva, sino también la urgencia de mejorar el acceso al crédito formal en el país.

