La extorsión digital, también conocida como sextorsión, se ha convertido en una de las formas más comunes de chantaje en el entorno tecnológico actual. Este delito implica que una persona amenaza a otra, generalmente a través de aplicaciones de mensajería o redes sociales, con divulgar imágenes o información íntima para obtener dinero o beneficios indebidos.
Los ciberdelincuentes crean perfiles falsos en plataformas como Instagram, Facebook, Tik Tok y WhatsApp, diseñados para atraer y generar confianza en las víctimas. A través de conversaciones manipuladoras, logran que las personas compartan contenido íntimo, que luego es grabado y editado, a menudo sin consentimiento, utilizando inteligencia artificial para añadir elementos que aumenten la presión sobre la víctima.
Recientemente, se ha observado una evolución alarmante en esta modalidad delictiva. En muchos casos, los delincuentes no han tenido contacto previo con las víctimas, pero utilizan información disponible en redes sociales para crear contenido manipulado. Su objetivo sigue siendo el mismo: infundir miedo y obtener beneficios económicos mediante amenazas.
Una vez que establecen comunicación, los ciberdelincuentes envían imágenes alteradas como supuesta prueba de que poseen material comprometedor, exigiendo pagos a través de transferencias bancarias o plataformas digitales. En casos más sofisticados, crean perfiles adicionales para hacer creer a las víctimas que la situación está siendo investigada por las autoridades, exigiendo dinero a través de personas que se presentan como miembros de la Policía Nacional.
Si alguien se convierte en víctima de sextorsión, es crucial no pagar al agresor y conservar todas las evidencias, como capturas de pantalla y números de contacto. Se debe reportar el perfil a la plataforma correspondiente y formalizar la denuncia ante el Departamento de Investigación de Crímenes y Delitos de Alta Tecnología (DICAT) de la Policía Nacional para iniciar las investigaciones.
Las estadísticas del DICAT indican que solo el 15% de las víctimas de sextorsión presentan denuncias, lo que sugiere que muchos casos quedan en el anonimato por vergüenza y miedo al estigma. Esto implica que la mayoría de estos delitos no son reportados y quedan fuera de las estadísticas oficiales.
Aunque actualmente no existe un tipo penal específico para la sextorsión en el país, este delito se persigue combinando varios artículos de la Ley 53-07 sobre Crímenes y Delitos de Alta Tecnología y el Código Penal Dominicano. Sin embargo, el nuevo Código Penal, que aún no ha entrado en vigencia, incluye herramientas jurídicas para combatir la extorsión y el chantaje digital.
Es fundamental proteger la información en medios digitales, utilizar contraseñas robustas y evitar hacer clic en enlaces sospechosos o abrir correos electrónicos de remitentes desconocidos.

