El sistema de salud dominicano enfrenta una deuda invisible que impacta a los pacientes, a pesar de que las autoridades destacan la estabilidad financiera de los hospitales. Recientemente, tanto el director del Servicio Regional de Salud Ozama como el director ejecutivo del Servicio Nacional de Salud han promovido la idea de hospitales sin deudas como un indicador de éxito. Sin embargo, esta narrativa no refleja la realidad de muchos pacientes que sufren por la falta de atención adecuada.
Aunque la administración eficiente de los recursos públicos es esencial, los balances contables no abordan el sufrimiento de los pacientes. La situación de quienes enfrentan complicaciones de salud, como la pérdida de extremidades o la interrupción de tratamientos por falta de medicamentos, revela una geografía del dolor que rara vez se menciona en las conferencias de prensa.
La aparente recuperación financiera de los hospitales no garantiza que los pacientes estén mejor atendidos. Un sistema de salud debe enfocarse en reducir el sufrimiento y ofrecer seguridad, más allá de sus resultados económicos. La estabilidad financiera es necesaria, pero no suficiente para asegurar una atención de calidad.
El gasto de bolsillo sigue siendo una de las principales causas de empobrecimiento en las familias dominicanas, lo que pone de manifiesto las limitaciones del sistema. A pesar de que el financiamiento ha crecido, la oferta pública no ha evolucionado al mismo ritmo, resultando en hospitales que, aunque realizan más procedimientos, no pueden satisfacer adecuadamente las necesidades de una población en aumento.
En el siglo XXI, la modernización de un hospital no se mide solo por su infraestructura o su capacidad financiera. Se necesita una «arquitectura invisible» que garantice la seguridad del paciente, que incluya desde liderazgo clínico hasta una adecuada gestión de riesgos. Sin embargo, estos aspectos rara vez son parte del discurso oficial.
La Plaza Sanitaria Luis Eduardo Aybar ilustra esta complejidad, donde se requiere más que un balance positivo para atender a pacientes críticos. La verdadera modernización comienza cuando se reduce el riesgo para quienes buscan atención médica.
La protección de un hospital no radica únicamente en sus finanzas, sino en la capacidad de ofrecer atención oportuna sin que los pacientes se endeuden. La confianza de la población se construye cuando cada atención médica demuestra que el sistema protege la salud y la dignidad de las personas.
En conclusión, un hospital sin deudas puede ser un logro administrativo, pero el verdadero éxito de un sistema de salud se mide en la protección efectiva de sus pacientes.

