Este miércoles, miles de personas se congregaron en un recinto de Beirut para rendir homenaje al ayatolá Alí Jameneí, líder supremo de Irán, en un acto de luto colectivo que reflejó el duelo de la comunidad chií libanesa. La concentración tuvo lugar en los suburbios meridionales de la ciudad, conocidos como Dahye, y formó parte de una serie de eventos similares en diferentes regiones del Líbano y otros países, como Irak, tras el asesinato del dirigente iraní durante la reciente guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.
Los asistentes, en su mayoría vestidos de negro, llenaron casi por completo el recinto con capacidad para 25,000 personas, donde hombres y mujeres ocupaban espacios separados. Durante el acto, ondearon banderas de Irán, del Líbano y del grupo chií Hizbulá, mientras se escuchaban cánticos en honor a los «mártires» y canciones que exaltaban la resistencia.
Para muchos, asistir a la concentración era un deber moral. Fahd Shurwa, miembro de la Fundación de la Resistencia, expresó que «es lo mínimo que podemos hacer» en honor a quienes han dado su vida. Shurwa también destacó que Jameneí simbolizaba un camino más allá de la política, vinculado al legado del imán Husein y la tradición chií de resistencia.
Kamal Abdel Samad, un vecino de Beirut, comentó que su participación era para demostrar que «el plan estadounidense no va a salir adelante» y para reivindicar la unidad nacional. A su juicio, Jameneí era «prácticamente un líder de toda la nación», cuya influencia trascendía las fronteras de Irán.
El componente religioso del homenaje fue evidente, con asistentes expresando su dolor por la pérdida del líder. Uno de ellos, visiblemente emocionado, manifestó que la muerte de Jameneí representa una pérdida difícil de expresar y que ocupaba un lugar único en sus corazones, incluso soñando con conocerlo en persona.
Entre las mujeres presentes, Umm Hussein Fares compartió el sentimiento de lealtad hacia el liderazgo iraní, afirmando que su presencia era para renovar el compromiso con el Sayyed y el Líder. Para ella, Jameneí era «el referente religioso y la máxima autoridad» para los chiíes, describiéndolo como su guía y apoyo.
Intervención de Hizbulá
El momento culminante del acto fue la intervención del secretario general de Hizbulá, Naim Qassem, quien habló a través de una pantalla gigante. Qassem reafirmó la alianza inquebrantable de Hizbulá con Irán y criticó a Washington e Israel.
Qassem agradeció al liderazgo iraní y a la Guardia Revolucionaria por haber «transformado la realidad en la región» y llamó a poner fin a la «hegemonía estadounidense sobre el Líbano». El público respondió con aplausos y cánticos en homenaje a Jameneí, reafirmando su compromiso con la resistencia.
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