Bob Gibson no logró destacar en la Liga Dominicana con los Tigres del Licey, donde su desempeño fue decepcionante, en contraste con su exitosa carrera en las Grandes Ligas. En un partido el 2 de diciembre de 1958, el inicialista Willie McCovey conectó un jonrón que fue clave para que el Escogido venciera al Licey 5-2, lo que llevó al mánager Joe Schultz a retirar a Gibson del juego.
Gibson finalizó su participación en el torneo con un récord de 2-6 y una efectividad de 5.00, tras lanzar en 11 juegos y permitir 50 hits, 25 carreras limpias, 55 bases por bolas y 35 ponches en 45 innings. Esta actuación contrastó drásticamente con su dominio en las Grandes Ligas, donde se destacó como uno de los lanzadores más temidos.
En su carrera en las Grandes Ligas, Gibson se convirtió en una figura imponente, permitiendo solo 1,013 bases por bolas en 3,884 entradas, aunque concedió 279 jonrones. Su estilo de lanzamiento era fuerte y directo, lo que hacía que la única estrategia viable para los bateadores fuera intentar conectar jonrones.
Uno de los últimos bateadores a los que enfrentó fue Pete LaCock, quien le conectó un jonrón con las bases llenas en 1975. Años después, ambos participaron en un partido benéfico, donde Gibson, en tono de broma, le lanzó la pelota a LaCock.
A pesar de su fama de intimidante, Gibson tenía una relación especial con el receptor Bob Uecker. Ambos se entendían bien, aunque Uecker cometió el error de acercarse al montículo en un momento de problemas de control de Gibson, quien le preguntó qué hacía allí.
En la historia del béisbol dominicano, otros eventos notables incluyen la firma de Julio César Franco por Francisco Acevedo Gautier en 1978, así como el robo de base de Raúl Eusebio en 1998 y el récord de bases robadas de José Reyes en 2005. Estos momentos reflejan la rica tradición del béisbol en el país.
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