La justicia dominicana enfrenta un desafío significativo debido al auge del populismo penal, un fenómeno que ha permeado diversos aspectos del Sistema de Justicia en el país. Este contexto resalta la importancia del papel del juez como un contrapeso en la separación de poderes, crucial para la protección de los derechos de los ciudadanos frente al poder estatal.
Históricamente, la figura del juez ha oscilado entre dos extremos: el temor al «gobierno de los jueces», donde el magistrado actúa como un mero aplicador de la ley, y el concepto del juez como un «súper hombre», capaz de interpretar y aplicar justicia en situaciones complejas. En ambos casos, el juez debe ser un agente de control sobre los demás poderes del Estado, garantizando que se respeten los derechos de las personas en procesos judiciales.
Un sistema de justicia robusto y consciente de su función puede elevar el Estado de derecho. Cuando los jueces actúan como garantes y corrigen las malas prácticas estatales, fortalecen el poder coercitivo y lo alinean con la legalidad, en lugar de debilitarlo.
No obstante, la realidad de muchos tribunales dista de este ideal. En busca de una mal entendida «Justicia Social», las decisiones judiciales a menudo se ven influenciadas por la opinión pública y el miedo a ser percibidos como corruptos, lo que puede llevar a decisiones que ignoren el debido proceso.
Además, se observa la aparición de jueces que asumen el papel de «vengadores», sintiendo la necesidad de hacer justicia por su cuenta ante la ineficiencia del sistema. Este enfoque ha llevado a que los estándares probatorios para condenas sean menos rigurosos, priorizando el castigo sobre la justicia.
Es fundamental aclarar que no corresponde a la Judicatura preocuparse por si sus decisiones generarán impunidad. Su función es aplicar el derecho y ejercer control estricto, incluso en el contexto del «súper juez» propuesto por Ronald Dworkin, quien no debe ignorar las normas procesales en favor del poder punitivo.
Un Poder Judicial que comprende su rol no genera impunidad, sino que contribuye a la evolución del sistema de justicia. Jueces exigentes obligan a las instituciones a mejorar sus investigaciones y procesos, asegurando que los culpables sean sancionados de manera justa.
Como expresó William Blackstone, «más vale que diez personas culpables queden libres, a que un solo inocente sufra en prisión», una máxima que subraya la importancia de la justicia en el ejercicio del poder judicial.
Te puede interesar...
