Cuba enfrenta una crisis turística tras décadas de declive en su modelo, que alguna vez aspiró a liderar el Caribe. En los años 90, el comandante Fidel Castro confió en Abraham Maciques para revitalizar la industria turística, con el objetivo de competir rápidamente con destinos como México y República Dominicana. Maciques, un excombatiente respetado, implementó un ambicioso plan que incluyó la creación de una red de hoteles y servicios turísticos, destacando el Meliá Cohiba como uno de sus mayores logros.
La tarea no fue sencilla, ya que Cuba atravesaba el «periodo especial», caracterizado por la escasez de recursos tras la caída de la Unión Soviética. A pesar de las dificultades, Maciques logró abrir varios establecimientos, incluyendo El Algibe y los Palmares, y estableció relaciones con importantes cadenas hoteleras internacionales. Su colaboración con Gabriel Escarrer Juliá, de Sol Meliá, fue fundamental para el desarrollo de la hotelería en La Habana y Varadero.
El empresario canario Enrique Martinón también apostó por el turismo cubano, invirtiendo en Varadero y La Habana, aunque eventualmente abandonó el país debido a conflictos con la burocracia local. En paralelo, la rehabilitación de La Habana Vieja fue liderada por el historiador Eusebio Leal, quien, con el apoyo estatal y de otras naciones, creó la cadena hotelera Habaguanex para atraer más turismo a la zona.
Otros empresarios, como Pedro Pueyo y Miguel Fluxá, también intentaron establecerse en Cuba, pero enfrentaron desafíos similares ante las restricciones del sistema. Fluxá, al final, se convirtió en una figura clave en el turismo cubano, consolidando su presencia a través de la agencia Cubatur. Sin embargo, el futuro del turismo en Cuba sigue siendo incierto, marcado por la salida de importantes cadenas y la necesidad de adaptarse a nuevas realidades.
Te puede interesar...
