La República Dominicana enfrenta un problema de sobreabundancia legislativa, donde la distancia entre la ley escrita y la conducta cotidiana de la sociedad se ha vuelto preocupante. A pesar de contar con más de cien mil leyes, el incumplimiento de estas se ha normalizado, debilitando la autoridad institucional.
El periodista Aníbal de Castro ha señalado que el país tiene un «superávit legal», con normas y sanciones que raramente se cumplen. Esto sugiere que el verdadero desafío no es la falta de leyes, sino su inobservancia y limitada eficacia en la práctica.
La legislación dominicana, en lugar de fomentar el orden, ha creado una relación contradictoria con la ley, donde se invoca cuando conviene y se ignora cuando estorba. Esta situación ha dado lugar a una cultura de incumplimiento, donde incluso se crean normas para hacer cumplir otras que ya existen.
La inobservancia de leyes y ordenanzas se ha vuelto endémica, especialmente entre quienes ocupan posiciones de poder. Esta permisividad enseña a los ciudadanos que violar la norma no tiene consecuencias, convirtiendo la ley en un obstáculo negociable.
La acumulación de leyes sin evaluación ni depuración, que a menudo se contradicen, termina debilitando el Estado de derecho. La historia de Sócrates resuena en este contexto, ya que él prefirió acatar un veredicto injusto en lugar de evadir la ley, mostrando el valor del respeto a la normativa.
La reflexión de Platón sobre la obediencia a las leyes subraya la importancia de no burlar las normas por conveniencia. Esto resalta la necesidad de una revisión del sistema normativo dominicano, eliminando duplicidades y leyes obsoletas.
Sin embargo, esta revisión debe ir acompañada de una transformación cultural que promueva el cumplimiento de la ley como una regla común. La República Dominicana enfrenta el reto de equilibrar la cantidad de leyes con su efectividad y respeto en la sociedad.
Es crucial que se implemente un sistema normativo que no solo exista en papel, sino que sea respetado y cumplido por todos, ya que vivir bajo una montaña de legislaciones ineficaces es tan peligroso como la ausencia de leyes.
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