La visita del presidente chino, Xi Jinping, a Corea del Norte ha evidenciado un cambio en la política exterior de Pekín, al omitir cualquier referencia a la desnuclearización. Este encuentro, que concluye este martes, marca el primer viaje de Xi a Corea del Norte en siete años y su primera salida oficial al extranjero en 2026, lo que resalta la importancia estratégica de la relación entre China y el régimen norcoreano.
Durante su reunión con el líder norcoreano, Kim Jong-un, ambos acordaron fortalecer los intercambios diplomáticos y militares, además de mantener un “espíritu de resistencia” frente a la “agresión estadounidense”. No obstante, en los comunicados oficiales no se mencionó la desnuclearización de la península coreana, un tema que tradicionalmente ha sido defendido por China como parte de una solución política integral.
En 2018, durante la primera visita de Kim a China, los medios estatales destacaron el compromiso de Pionyang con la desnuclearización. Un año después, en la anterior visita de Xi a Corea del Norte, el tema también fue parte de las declaraciones oficiales. Sin embargo, el lenguaje diplomático ha cambiado, y en su libro blanco sobre control de armas, publicado en 2025, Pekín evitó mencionar la desnuclearización como objetivo específico.
Durante la actual visita, ni el artículo de Xi en el diario norcoreano Rodong Sinmun ni los reportes oficiales de su reunión con Kim hicieron referencia al programa nuclear norcoreano. Esta postura contrasta con la afirmación de Estados Unidos, que tras una reunión entre Xi y el presidente Donald Trump en mayo, aseguró que ambos compartían el objetivo de desnuclearizar Corea del Norte, aunque esa referencia no apareció en el comunicado oficial de Pekín.
Kim Yo-jong, hermana de Kim Jong-un, calificó de “falsa” la afirmación estadounidense, afirmando que el estatus nuclear de Corea del Norte es “irreversible” y una “realidad innegable”. Analistas internacionales sugieren que China está adoptando una estrategia de “estabilidad primero, desnuclearización después”, considerando que una política rígida de desarme podría aumentar las tensiones en el noreste asiático.
A pesar de no reconocer formalmente a Corea del Norte como una potencia nuclear legítima, Pekín considera más peligroso un escenario de confrontación que una situación de capacidad nuclear congelada. Además, teme que una mayor presión sobre Pionyang fortalezca la cooperación militar entre Washington, Tokio y Seúl, alterando el equilibrio estratégico en la región.
Actualmente, Corea del Norte se presenta más fortalecida gracias a su creciente acercamiento a Rusia, lo que le ha permitido reducir el impacto de las sanciones internacionales y mejorar su desempeño económico. Se estima que el régimen norcoreano posee alrededor de 50 armas nucleares, y aunque su última prueba nuclear fue en 2017, Kim Jong-un sigue impulsando el desarrollo de misiles balísticos intercontinentales.
El crecimiento económico registrado en 2024, el más alto en ocho años, junto con la profundización de los vínculos con China, le otorgan a Pionyang un mayor margen de maniobra para enfrentar desafíos internos y reforzar su posición en el escenario internacional.
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