La violencia infantil es una de las problemáticas sociales más alarmantes en República Dominicana, donde los casos de maltrato extremo y tortura contra menores siguen conmocionando a la sociedad. Recientemente, la muerte de una bebé de ocho meses, presuntamente asesinada por la pareja de su madre, ha puesto de manifiesto esta realidad, que persiste en muchos hogares a pesar del rechazo público. Este caso, ocurrido en la provincia San Cristóbal, ha llevado a un juez a imponer prisión preventiva al acusado, quien enfrenta cargos por homicidio voluntario y actos de tortura.
Este crimen se suma a otros episodios trágicos en el país. En agosto de 2025, una niña de siete años murió tras ser sometida a torturas por su tía y la pareja de esta, quienes estaban a su cargo en Santo Domingo. Un año antes, la nación quedó consternada por la muerte de un niño de ocho años en Verón, cuyo cuerpo presentaba 147 heridas de distintos tipos. En ese caso, la tía del menor confesó que cometió el crimen por considerar que el niño tenía un “mal comportamiento”.
Estadísticas alarmantes
El representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en República Dominicana, Carlos Carrera, advirtió que seis de cada diez niños dominicanos sufren disciplina violenta en sus hogares. Según sus declaraciones, el 63 % de los menores ha sido víctima de violencia física o psicológica como método de corrección, cifra que supera ligeramente el promedio de América Latina y el Caribe, que es del 60 %.
Esta situación se atribuye a la normalización de prácticas violentas y al desconocimiento de métodos alternativos de crianza. Carrera explicó que muchos padres reproducen patrones de conducta aprendidos en su infancia, ya que nunca recibieron orientación sobre formas de educación libres de violencia. Además, la legislación dominicana ha sido históricamente permisiva con ciertas formas de castigo físico.
Consecuencias a largo plazo
Las consecuencias de la violencia infantil van más allá de las lesiones físicas. Según Unicef, las agresiones reiteradas afectan gravemente el desarrollo emocional, cognitivo y social de los menores. Carrera destacó que la exposición constante a la violencia genera “estrés tóxico”, que puede alterar el desarrollo cerebral y limitar las capacidades de aprendizaje y adaptación social.
Las secuelas de esta violencia también se reflejan en la edad adulta, donde las víctimas presentan mayores riesgos de sufrir trastornos de salud mental y problemas físicos. Además, enfrentan mayores probabilidades de involucrarse en conductas delictivas o conflictos con la ley. “La violencia contra los niños es mucho más traumática, profunda y duradera de lo que se creía”, afirmó Carrera.
Para Unicef, combatir solo los casos extremos no es suficiente. La erradicación de la tortura y los abusos graves requiere eliminar todas las formas de violencia aceptables en la crianza. Carrera enfatizó la necesidad de una estrategia nacional integral que promueva la crianza positiva y transforme la percepción cultural que justifica la violencia como herramienta educativa.

