Víctor Quiles, un joven de 25 años que se autodenomina periodista independiente, enfrenta una orden de captura emitida por un tribunal de Madrid por difundir información falsa y por no presentarse a declarar. La Policía intentó detenerlo en la televisora EDATV, donde trabaja, pero no lo encontró. Esta situación se deriva de la difusión de un presunto bulo sobre un asesor del Ministerio de Hacienda y su ausencia en la citación judicial.
Quiles está procesado por un presunto delito de odio, tras un enfrentamiento con una persona con discapacidad durante una protesta contra Isabel Díaz Ayuso, por lo que se le solicitan dos años de prisión e inhabilitación para ejercer el periodismo. Además, está siendo investigado por revelar secretos de la presidenta de Red Eléctrica al difundir su dirección tras un apagón en España. También enfrenta acusaciones de injurias y calumnias contra el secretario general de Faguan, con una posible pena de nueve años de prisión.
Otras dos investigaciones en su contra fueron archivadas. Según las autoridades, estos casos no se basan en opiniones, sino en acciones que podrían incitar a la violencia digital al señalar a personas específicas con nombres y fotografías. Quiles ha adoptado una estrategia similar a la de otros provocadores, organizando una gira por universidades llamada «España Combativa», donde se presenta como una víctima de censura.
Durante sus eventos, a menudo se encuentra con grupos de la izquierda estudiantil que intentan interrumpir sus charlas, lo que genera un conflicto que él utiliza para ganar visibilidad en redes sociales y medios de comunicación. Desde el entorno del partido gobernante se ha mencionado que la financiación de su gira proviene de Alvise Pérez, quien habría aportado más de 13 mil euros para su recorrido.
La situación de Quiles plantea un debate sobre la libertad de expresión y la provocación en el periodismo. Mientras algunos lo ven como un provocador que difunde odio, otros argumentan que su estilo se asemeja al periodismo valiente que cuestiona el poder. Este contraste se observa en la historia de programas como «Caiga Quien Caiga» y «Le Iene», que incomodaban a figuras de poder sin distinción de ideologías.
El caso de Quiles también refleja un fenómeno más amplio en el que el poder estatal decide qué medios pueden operar y cuáles deben ser silenciados, independientemente de la ideología que los respalde. En Francia, por ejemplo, se retiró la frecuencia de transmisión a C8 por no respetar el pluralismo, lo que generó un debate sobre la censura y la defensa de la libertad de expresión.
En República Dominicana, la posible entrada en vigor de la Ley 74-25 ha suscitado preocupaciones sobre la libertad de prensa, ya que se considera que podría convertirse en una mordaza para periodistas y comunicadores independientes. La situación de Víctor Quiles es un reflejo de cómo el control sobre la información puede manifestarse en diferentes contextos, afectando la labor periodística.

