Las comparaciones entre mandatarios de diferentes épocas pueden ser malinterpretadas, pero las similitudes económicas entre Ulises Hilarión Heureaux y Luis Rodolfo Abinader merecen un análisis en el contexto de la historia financiera dominicana. Heureaux, quien gobernó en tres ocasiones hasta su asesinato en 1899, llegó al poder por la vía militar, mientras que Abinader, de una familia empresarial influyente, ha sido elegido democráticamente y se encuentra en el tramo final de su gestión, que concluirá el 16 de agosto de 2028.
Durante la dictadura de Heureaux, la economía dependía del endeudamiento externo y del fomento de la industria azucarera a través de concesiones excesivas. Para mantener su red de clientelismo y el aparato militar, hipotecó los ingresos aduaneros con casas extranjeras como Westendorp y San Domingo Improvement Co. En 1897, enfrentando una deuda quince veces mayor que el presupuesto nacional, Heureaux emitió millones de pesos en papel moneda sin respaldo, conocidas como «las papeletas de Lilís», lo que provocó una inflación galopante y llevó al país a la bancarrota.
Este colapso financiero no solo facilitó su ajusticiamiento, sino que también dejó al Estado vulnerable, lo que culminó en la intervención estadounidense de 1916. En la actualidad, la gestión macroeconómica de Abinader genera alarmas que recuerdan el endeudamiento histórico del país, con analistas advirtiendo sobre un complicado callejón fiscal.
El Ejecutivo actual cuenta con un Congreso que aprueba rápidamente contratos de préstamos internacionales para cubrir el presupuesto y los déficits fiscales. A mediados de 2026, la deuda pública consolidada de la República Dominicana alcanzó un récord de US$84,627.3 millones, con US$67,995.5 millones en el Sector Público No Financiero, representando aproximadamente un 48.3% del PIB.
Este ritmo de financiamiento convierte a la actual administración en una de las que más compromisos financieros ha asumido en poco tiempo. Sin embargo, la crítica ciudadana aumenta al notar que este flujo de capitales no se traduce en inversión pública tangible, ya que muchas obras de infraestructura de gestiones anteriores permanecen inconclusas.
El descontento social también se manifiesta en el ámbito de las libertades públicas, donde se observan tensiones preocupantes. Mientras Heureaux impuso censura absoluta, hoy se perciben iniciativas legislativas restrictivas, conocidas como «Leyes Mordaza», que amenazan la disidencia y la libertad de expresión. La población ha respondido a la crisis económica con protestas, incluyendo «cacerolazos» organizados a través de redes sociales.
Además, la reforma policial promovida por el gobierno es vista por algunos sectores como un paliativo ineficaz ante denuncias de abusos y violencia en las comunidades. La historia muestra que el endeudamiento descontrolado y la desconexión con la realidad del pueblo son recetas para la inestabilidad. Ayer fueron las «papeletas de Lilís»; hoy es una deuda consolidada que compromete a las futuras generaciones.

