Al menos 29 personas murieron en un ataque ruso con múltiples bombas aéreas que destruyó una escuela en Komishuvaja, cerca del frente de Zaporiyia, donde civiles recogían ayuda humanitaria, según informó el gobernador regional, Iván Fédorov. Este ataque se produjo mientras las fuerzas rusas utilizaban bombas FAB-3000, un armamento capaz de ser lanzado desde aviones a grandes distancias.
Fédorov indicó que los equipos de emergencia siguen buscando a posibles desaparecidos entre los escombros de la escuela, ubicada en una región mayormente controlada por Rusia. Las bombas FAB-3000 contienen entre 1.200 y 1.400 kilos de explosivos y son empleadas por Rusia para destruir fortificaciones ucranianas, aunque también se utilizan contra poblaciones cercanas al frente de combate.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, afirmó en la red social X que las fuerzas rusas lanzaron una decena de bombas aéreas contra la escuela y un refugio antiaéreo donde se resguardaban algunos civiles. Este ataque ha generado una fuerte condena tanto a nivel nacional como internacional.
El ministro de Exteriores de Ucrania, Andrí Sibiga, calificó el ataque de «salvaje y totalmente cínico», denunciando el desprecio de Rusia por la vida humana. Sibiga enfatizó que la brutalidad rusa no tiene límites y reclamó una respuesta internacional contundente ante la situación.
Además, el canciller ucraniano destacó la magnitud del bombardeo y respaldó el llamado de Zelenski a la comunidad internacional para que actúe en respuesta a este ataque contra una zona civil. La comunidad internacional sigue observando de cerca la escalada de violencia en la región.

