Un sistema de clima severo comenzará a afectar a Estados Unidos a partir de este viernes.
Se esperan tormentas intensas, tornados y un notable descenso de temperaturas. Esta situación se produce tras una ola de calor inusual que ha superado los promedios históricos, según el Servicio Meteorológico Nacional.
El organismo ha emitido alertas sobre un “clima severo extendido” que impactará el medio oeste, el centro y el este del país.
También se prevén inundaciones repentinas y condiciones invernales tardías en varios estados del norte.
El NWS indicó que el frente frío pondrá fin a las altas temperaturas que han predominado en el centro y este de EE.UU.
hacia el fin de semana. Este cambio climático es significativo, dado el contraste con las condiciones cálidas recientes.
Pronóstico de tormentas severas
El pronóstico anticipa tormentas eléctricas severas, granizo de gran tamaño y tornados intensos. Las ráfagas de viento podrían alcanzar entre 96 y 145 km/h.
Las áreas más afectadas incluyen el medio oeste, el Valle de Misuri y las Grandes Llanuras.
Ciudades como Chicago, Kansas City, Tulsa, Wichita y Madison están entre las más vulnerables a estos fenómenos.
Además, se prevé que persistan las precipitaciones mixtas y condiciones invernales en el norte y oeste del país.
Este cambio brusco en el clima sigue a una ola de calor “anómala” en marzo, donde algunas regiones cercanas a la frontera con México registraron temperaturas superiores a los 37 °C.
Esto ha llevado a romper récords históricos en varias localidades.
Un patrón climático volátil
A pesar de que el calor continuaba en gran parte del este y centro del país el viernes por la mañana, el avance del frente frío traerá temperaturas mucho más bajas.
Estas podrían incluso estar por debajo del promedio para esta época del año.
Las drásticas variaciones climáticas han sido una constante en los últimos meses en EE.UU.
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica ha señalado que el país vivió el segundo invierno más cálido desde que se tienen registros.
Este contraste entre calor extremo y eventos invernales intensos refleja un patrón climático cada vez más volátil.
Esto mantiene en alerta tanto a las autoridades como a millones de ciudadanos en todo el territorio estadounidense.

