Los Testigos de Jehová afirman que Jesucristo fue la primera creación de Jehová, sosteniendo que no es eterno ni comparte plenamente la naturaleza divina del Padre. Según su interpretación, Cristo existió como una criatura espiritual creada por Dios antes de venir al mundo.
En su análisis, citan el pasaje de Juan 1:1, que dice: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.» También mencionan Juan 1:3, que afirma que «todas las cosas por él fueron hechas», sugiriendo que si Cristo creó todas las cosas, no puede ser parte de la creación. Pablo refuerza esta idea en Colosenses 1:16, donde dice que «en él fueron creadas todas las cosas».
La deidad de Jesús
Los Testigos de Jehová sostienen que Jesús es poderoso y exaltado, pero niegan que sea Dios Todopoderoso en el mismo sentido que el Padre. En Hebreos 1:8, Tomás reconoce a Jesús como Dios, y Pablo en Colosenses 2:9 menciona que «en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad», lo que implica que Jesús no es solo una parte de Dios, sino que posee toda su esencia.
El testimonio del Nuevo Testamento, según los Testigos de Jehová, contradice la deidad de Cristo, ya que Tomás, Pablo y el Padre lo llaman Dios. Esta negación, argumentan, va en contra del consenso bíblico.
Identidad y adoración de Jesús
Una doctrina distintiva de los Testigos de Jehová es que Jesucristo y el arcángel Miguel son la misma persona. Sin embargo, el escritor de Hebreos establece una clara diferencia entre Cristo y los ángeles, afirmando que Dios nunca le dijo a un ángel: «Mi Hijo eres tú» (Hebreos 1:5). Esto sugiere que Cristo es superior a los ángeles, quienes deben adorarlo.
Los Testigos de Jehová sostienen que la adoración debe dirigirse exclusivamente a Jehová, pero las Escrituras muestran que Jesús recibió adoración legítima, como se evidencia en Mateo 2:11 y Mateo 14:33. Si solo Dios puede recibir adoración, la adoración que recibe Jesús implica que comparte la naturaleza divina.
Por otro lado, los Testigos de Jehová niegan que Jesús se identifique con Jehová del Antiguo Testamento. Sin embargo, Jesús declara en Juan 8:58: «Antes que Abraham fuese, yo soy», lo que llevó a los judíos a acusarlo de blasfemia. Además, en Apocalipsis 1:17, Jesús utiliza el mismo título que Jehová: «Yo soy el primero y el último».
La diferencia entre el cristianismo bíblico y los Testigos de Jehová no es organizacional, sino teológica. La Biblia presenta a Jesucristo como eterno, creador, digno de adoración y reconocido como Dios por los apóstoles. El apóstol Pablo advierte sobre la importancia de la correcta comprensión de Jesús en 2 Corintios 11:4, resaltando que la fe en Jesucristo como Dios manifestado en carne es fundamental para la salvación.

