El terremoto de magnitud 7,7 que sacudió Panamá el pasado viernes ha destruido 35 escuelas rurales y dejado a más de 3,000 estudiantes sin acceso a educación presencial. Aunque no se registraron muertes, el sismo dañó 656 centros educativos en el país, afectando gravemente la recta final del año escolar que concluye en diciembre.
Las escuelas afectadas se encuentran principalmente en la península de Azuero, una región rural y de difícil acceso en el suroeste de Panamá. El ministro de Educación, Ventura Vega, confirmó que las escuelas han sido identificadas y que la situación es crítica para los estudiantes que dependen de estas instituciones.
La madre de un estudiante, María Pérez, expresó su preocupación sobre el futuro educativo de los niños, sugiriendo que lo mejor sería suspender el trimestre debido al trauma que han experimentado. La situación es aún más grave en comunidades como La Pitaloza, donde las escuelas están completamente destruidas, con techos colapsados y daños estructurales severos.
Los daños no solo afectan a las escuelas, sino que también han dejado a muchos estudiantes sin hogar. Sonia Valdés, otra madre de La Pitaloza, mencionó que su hija está preocupada por su educación y que están esperando que el Gobierno instale módulos temporales para continuar las clases.
El terremoto ha impactado a 2,164 familias y ha dañado más de 2,000 edificaciones, con un saldo de alrededor de 30 heridos, la mayoría con lesiones leves. Según Unicef, aproximadamente 8,300 niños, niñas y adolescentes requieren asistencia humanitaria tras el sismo.
La comunidad de La Pitaloza es una de las más afectadas, con muchos vecinos que han perdido sus hogares y están recibiendo ayuda del Gobierno. A pesar de la devastación, en al menos dos escuelas, los estudiantes no estaban presentes durante el terremoto, lo que se considera un «milagro».
La escuela de La Colorada, que ha estado en pie desde 1913, había enviado a sus estudiantes a casa una hora antes del sismo, evitando así una tragedia mayor. Los docentes y trabajadores de la escuela recordaron cómo, gracias a esa decisión, todos los niños se encontraban a salvo.
El colegio de La Pitaloza no tuvo clases ese día, lo que también resultó en un alivio para la comunidad, que ha enfrentado la pérdida de sus instalaciones educativas sin lamentar vidas humanas. La situación sigue siendo crítica, y los padres esperan respuestas sobre el futuro educativo de sus hijos.

