En esta entrega se aborda el fenómeno de la concentración tecnológica y sus riesgos para la democracia en la República Dominicana, a partir del concepto de tecno feudalismo.
Este término, que inicialmente se consideraba una metáfora, ha evolucionado a una realidad palpable, según el economista griego Yanis Varoufakis en su obra publicada en 2023, «Technofeudalism: What Killed Capitalism».
Varoufakis sostiene que estamos presenciando una transformación silenciosa hacia un sistema donde el poder económico y político se deriva del control sobre plataformas digitales y los datos que estas manejan.
La tesis de Varoufakis es clara: empresas como Amazon, Google, Meta y Apple han trascendido su rol como actores del mercado para convertirse en señores feudales digitales.
Estas plataformas no funcionan como mercados tradicionales, sino como feudos donde los usuarios, consumidores y pequeños empresarios son considerados vasallos.
Este nuevo orden plantea interrogantes sobre el impacto del tecno feudalismo en democracias pequeñas y dependientes, como la dominicana.
Impacto en la Democracia Dominicana
La cuestión no es si el tecno feudalismo existe, sino qué implica para democracias como la dominicana.
Varoufakis introduce los conceptos de capital nube y renta digital, que describen un nuevo mecanismo de extracción de valor.
A diferencia del capital industrial, el capital nube no produce bienes, sino que cobra por el acceso a plataformas esenciales para la actividad económica y social contemporánea.
Un comerciante dominicano que utiliza Instagram para vender no tiene la posibilidad de negociar las comisiones del algoritmo.
De igual manera, un periódico nacional que depende de Google News no controla sus condiciones de distribución.
Esta dependencia estructural se refleja en datos que indican que más del 85% de la población dominicana con acceso a internet utiliza redes sociales, lo que plantea un desafío significativo para la conversación pública.
La filósofa Shoshana Zuboff, en su libro «La era del capitalismo de vigilancia», describe un modelo económico basado en la captura de comportamiento humano. Según Zuboff, las plataformas digitales no solo observan a sus usuarios, sino que los modifican, afectando directamente la democracia.
Cuando el debate político se desplaza a plataformas que priorizan la indignación sobre la deliberación, se altera el ecosistema informativo necesario para la toma de decisiones ciudadanas.
Desafíos y Oportunidades para el Estado
La República Dominicana enfrenta un entorno de polarización algorítmica y crisis del espacio público, como advierte el filósofo Michael Sandel.
Este fenómeno erosiona la base de la democracia, ya que las plataformas algorítmicas crean burbujas informativas que dificultan la empatía cívica.
La desinformación se propaga rápidamente, lo que afecta la calidad del debate público y la confianza en las instituciones.
La respuesta institucional en la República Dominicana ha sido reactiva y fragmentada, sin una política nacional de soberanía digital.
La Ley 172-13 de Protección de Datos Personales es insuficiente para abordar los desafíos actuales. La falta de un marco regulatorio moderno y la ausencia de una agencia estatal específica para regular el poder de las plataformas limitan la capacidad del Estado para contrarrestar el tecno feudalismo.
Mariana Mazzucato argumenta que el Estado debe participar activamente en la definición de las infraestructuras tecnológicas que estructuran la vida colectiva.
Para la República Dominicana, esto implica desarrollar educación digital crítica, establecer marcos regulatorios modernos y fomentar la cooperación regional.
Estos pasos son esenciales para enfrentar el desafío del tecno feudalismo y proteger la democracia.
Finalmente, es crucial reconocer que la democracia no debe ser capturada por los feudos digitales.
Ignorar el tecno feudalismo conlleva riesgos significativos, como una esfera pública dominada por algoritmos privados.
La construcción de tecnología que sirva a la democracia requerirá voluntad política y movilización ciudadana, así como un compromiso con la soberanía tecnológica como un pilar fundamental para el futuro democrático del país.

