En nuestro día a día, estamos constantemente interactuando con el mundo que nos rodea. Cocinamos, respiramos, encendemos aparatos electrónicos y observamos los ciclos de la naturaleza.
Aunque no lo pensemos, todas estas acciones involucran conceptos fundamentales de la física y la química, especialmente los relacionados con la termodinámica.
Uno de los conceptos más básicos para entender cómo funcionan las cosas es el de sistema.
Un sistema no es más que una porción del universo que decidimos aislar, mentalmente, para estudiarla.
Todo lo que no es parte de nuestro sistema se conoce como su entorno o alrededores.
La forma en que un sistema interactúa con su entorno es crucial para definir su naturaleza.
Dependiendo de si puede intercambiar materia, energía, ambas cosas o ninguna, lo clasificamos en una de tres categorías: sistema abierto, sistema cerrado o sistema aislado.
Comprender estas distinciones no es solo un ejercicio académico; nos ayuda a entender por qué los alimentos se enfrían, cómo funciona un motor o incluso cómo nuestro propio cuerpo se mantiene con vida.
Este artículo está diseñado para desmitificar estos conceptos de una manera amigable y accesible. A través de explicaciones claras y, sobre todo, de ejemplos prácticos y cotidianos, exploraremos las características de los sistemas abiertos y cerrados.
Veremos que, una vez que entiendes la idea principal, empezarás a identificar estos sistemas por todas partes, desde tu cocina hasta el planeta en su totalidad.
El objetivo es que, al terminar de leer, tengas una comprensión sólida y práctica de estas ideas fundamentales.
¿Qué es un sistema abierto? Características y funcionamiento
Un sistema abierto es, en esencia, el tipo de sistema más común y dinámico que existe en la naturaleza.
Su característica principal es que su frontera es completamente permeable, lo que significa que permite un libre intercambio tanto de materia como de energía con su entorno. Imagina una puerta abierta de par en par: la gente (materia) puede entrar y salir, y el calor o el sonido (energía) también pueden cruzar el umbral sin impedimentos.
Así funciona un sistema abierto.
Debido a esta constante interacción, los sistemas abiertos rara vez se encuentran en un estado de equilibrio estático.
Están en un flujo continuo, recibiendo entradas (materia y energía) y generando salidas. Esta naturaleza dinámica es fundamental para la vida y para muchos procesos tecnológicos.
Todos los seres vivos son sistemas abiertos, ya que necesitan un suministro constante de nutrientes y energía para sobrevivir, mientras que al mismo tiempo liberan desechos y calor al ambiente.
Aunque son dinámicos, muchos sistemas abiertos pueden alcanzar un estado conocido como estado estacionario. Esto no significa que todo se detenga, sino que las entradas y las salidas se equilibran, de modo que las propiedades generales del sistema (como su temperatura o composición) permanecen constantes a lo largo del tiempo.
Un río es un buen ejemplo: el agua fluye constantemente a través de él (intercambio de materia y energía), pero su nivel y caudal pueden permanecer relativamente estables durante largos períodos.
Ejemplos cotidianos de sistemas abiertos

Para comprender mejor este concepto, nada funciona mejor que observar el mundo que nos rodea.
Quizás el sistema abierto ejemplo más íntimo y perfecto que podemos encontrar es nuestro propio cuerpo.
Constantemente estamos intercambiando materia con el entorno: ingerimos alimentos y agua, inhalamos oxígeno y exhalamos dióxido de carbono. Al mismo tiempo, liberamos materia en forma de sudor y otros desechos.
También hay un flujo constante de energía: absorbemos energía química de los alimentos y liberamos energía térmica (calor corporal) al ambiente.
Sin este intercambio continuo, la vida sería imposible.
Otro ejemplo clásico es una olla con agua hirviendo sobre el fuego. El sistema es el agua en la olla.
Recibe energía en forma de calor desde el fogón, lo que aumenta su temperatura. Cuando hierve, parte del agua se convierte en vapor y escapa al aire, lo que representa una pérdida de materia.
Por lo tanto, intercambia tanto energía (calor) como materia (vapor) con sus alrededores, cumpliendo a la perfección con la definición de un sistema abierto.
Pensemos también en una hoguera. Para que el fuego arda, necesita un suministro constante de materia en forma de combustible (madera, papel) y oxígeno del aire.
A medida que arde, libera una enorme cantidad de energía en forma de luz y calor.
Además, también libera materia al entorno en forma de humo, cenizas y gases como el dióxido de carbono. Los ejemplos de sistemas abiertos como este demuestran un proceso de transformación donde la materia de entrada se convierte en energía y materia de salida.
Un motor de combustión de un coche funciona bajo un principio muy similar, transformando gasolina y aire en movimiento, calor y gases de escape.
10 ejemplos de sistemas abiertos
- Nuestro cuerpo humano
- Una planta en crecimiento
- Un río
- Una olla de agua hirviendo
- Una hoguera
- Un motor de combustión interna
- Un acuario
- Una fábrica de reciclaje
- Una ciudad
- Un ecosistema
¿Qué es un sistema cerrado? Características y diferencias
En contraste con la naturaleza permeable de los sistemas abiertos, un sistema cerrado se define por tener una frontera que impide el intercambio de materia con su entorno, pero sí permite el flujo de energía.
En otras palabras, la masa total dentro de un sistema cerrado permanece constante, pero su energía puede aumentar o disminuir.
Imagina ahora una casa con todas las puertas y ventanas selladas. Nadie puede entrar o salir (no hay intercambio de materia), pero el calor del sol puede atravesar las ventanas y calentar el interior, o el frío de la noche puede enfriarlo (sí hay intercambio de energía).
La diferencia fundamental radica en la barrera a la materia. Mientras que un sistema abierto está en constante flujo material con su entorno, un sistema cerrado contiene una cantidad fija de partículas.
Esto no significa que el sistema sea estático internamente. La energía que entra o sale puede provocar cambios profundos en su interior, como variaciones de temperatura, presión o incluso cambios de estado (de sólido a líquido o de líquido a gas).
Esta característica los hace muy útiles tanto en experimentos científicos como en aplicaciones tecnológicas, ya que permiten estudiar cómo la energía afecta a una cantidad fija de materia sin la complicación de que esta se escape o se contamine con elementos externos.
Por ejemplo, al calentar un gas en un recipiente sellado, podemos estudiar cómo su presión aumenta con la temperatura, una de las leyes fundamentales de los gases.
Ejemplos ilustrativos de sistemas cerrados

Los ejemplos de sistemas cerrados también son muy comunes en nuestra vida diaria, aunque a veces no los reconozcamos como tales.
Un ejemplo de sistema cerrado muy sencillo es una botella de agua fría cerrada herméticamente.
Si la dejas sobre una mesa a temperatura ambiente, la botella no perderá ni una gota de agua (la materia no se escapa).
Sin embargo, con el tiempo, absorberá calor del aire circundante (intercambio de energía) y el agua en su interior se calentará hasta igualar la temperatura ambiente.
Una olla a presión es un ejemplo tecnológico diseñado específicamente para funcionar como un sistema cerrado.
Al sellar la tapa, se evita que el vapor de agua (materia) escape. Como el sistema está recibiendo calor (energía) de la estufa, la presión y la temperatura en el interior aumentan considerablemente, lo que permite cocinar los alimentos mucho más rápido.
Aunque tiene una válvula de seguridad que puede liberar algo de vapor si la presión es excesiva, en su funcionamiento normal se comporta como un sistema cerrado.
A una escala mucho mayor, el planeta Tierra puede considerarse una buena aproximación de un sistema cerrado.
Nuestro planeta recibe una cantidad inmensa de energía del Sol, que es la fuerza motriz de nuestro clima, las corrientes oceánicas y la vida misma.
Al mismo tiempo, la Tierra también irradia energía de vuelta al espacio. Sin embargo, el intercambio de materia con el espacio exterior es prácticamente insignificante en comparación con la masa total del planeta.
La cantidad de materia que llega a través de meteoritos o que se pierde con el lanzamiento de cohetes es mínima.
Por ello, para la mayoría de los estudios climáticos y geológicos, se trata como un sistema cerrado.
Los ejemplos de sistema cerrado como este nos ayudan a modelar fenómenos complejos.
10 ejemplos de sistemas cerrados
- Una botella de agua sellada
- Una olla a presión
- Un sistema de calefacción central
- Un horno microondas cerrado
- Un tanque de gas
- Un invernadero sellado
- Un recipiente de vidrio hermético
- Un sistema de refrigeración
- Un planeta en el espacio
- Una cámara de vacío
El caso especial de los sistemas aislados
Para completar el panorama, es importante mencionar el tercer tipo de sistema: el sistema aislado.
Este es un caso ideal, casi teórico, que se caracteriza por no intercambiar ni materia ni energía con su entorno. Su frontera es completamente impermeable a todo tipo de intercambio.
En un sistema aislado perfecto, todo lo que está adentro se queda adentro, y nada de lo que está afuera puede influir en él.
Se supone que un sistema así eventualmente alcanza un estado de equilibrio termodinámico interno y permanece en él indefinidamente.
En la práctica, construir un sistema verdaderamente aislado es imposible. Siempre habrá alguna fuga de energía, por mínima que sea.
Sin embargo, podemos crear aproximaciones muy buenas que se comportan como sistemas aislados durante un período de tiempo limitado.
El ejemplo más común es un termo de buena calidad. Está diseñado con paredes dobles y un vacío en medio para minimizar la transferencia de calor.
Si pones café caliente dentro, se mantendrá caliente durante varias horas, pero no para siempre.
Eventualmente, el calor se disipará y el café se enfriará.
El único ejemplo de un sistema verdaderamente aislado que se conoce es el Universo en su conjunto.
Por definición, no existe un entorno fuera del Universo con el que pueda intercambiar materia o energía.
Todo lo que existe está contenido dentro de él, por lo que la cantidad total de materia y energía en el Universo es constante.
Este concepto es una de las piedras angulares de la cosmología y la física fundamental, conocido como la primera ley de la termodinámica aplicada al cosmos.
10 ejemplos de sistemas aislados
- El universo
- Un termo de alta calidad
- Una caja de aislamiento térmico
- Un sistema controlado en un laboratorio
- Un experimento de conservación de energía
- Un sistema de energía solar fuera de la red
- Un recipiente de vacío
- Un sistema de refrigeración criogénica
- Un experimento de física cuántica aislado
- Un sistema de almacenamiento de energía
Conclusión: La importancia de entender los sistemas en nuestro mundo
Repasando las ideas principales, hemos visto que la clasificación de los sistemas en abiertos, cerrados y aislados depende de cómo interactúan con su entorno. Los sistemas abiertos, como los seres vivos o un fuego, intercambian libremente tanto materia como energía.
Los sistemas cerrados, como una botella sellada o el planeta Tierra, solo intercambian energía, manteniendo constante su masa interna.
Finalmente, los sistemas aislados, como un termo ideal o el propio Universo, no intercambian absolutamente nada.
Comprender estas diferencias es mucho más que memorizar definiciones. Es una herramienta poderosa para analizar el mundo.
Nos permite entender por qué necesitamos comer para tener energía (somos un sistema abierto), por qué los alimentos en una lata se conservan durante tanto tiempo (se aproximan a un sistema cerrado que limita las interacciones) y por qué una bebida caliente en un termo se mantiene así por más tiempo que en una taza normal (el termo se aproxima a un sistema aislado).
La próxima vez que observes un proceso a tu alrededor, ya sea el vapor que sale de una taza de té, el funcionamiento de la calefacción de tu casa o simplemente el acto de respirar, te invito a pensar en términos de sistemas.
Pregúntate: ¿Qué está entrando? ¿Qué está saliendo? ¿Es materia, es energía o son ambas? Al hacerlo, no solo estarás aplicando un principio fundamental de la ciencia, sino que también estarás ganando una apreciación más profunda y conectada de cómo funciona el increíblemente complejo y fascinante mundo en el que vivimos.
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