El Ministerio de Exteriores ruso anunció que las Fuerzas Armadas intensificarán sus operaciones contra instalaciones relacionadas con la fabricación y lanzamiento de drones militares, así como puestos de mando en Kiev. Esta decisión se produce tras el «ataque sangriento» en Lugansk, donde al menos 21 personas perdieron la vida en un ataque a una residencia estudiantil, que Rusia califica de «terrorista».
Moscú acusó al gobierno de Volodímir Zelenski de atacar deliberadamente a civiles y de recibir apoyo militar de Occidente. En un comunicado, las autoridades rusas denunciaron la «naturaleza nazi y terrorista» del gobierno ucraniano, afirmando que los aliados de Ucrania suministran armamento que se utiliza para cometer «crímenes» que violan el derecho internacional.
Rusia expresó que su paciencia se ha agotado y recomendó a los habitantes de Kiev mantenerse alejados de instalaciones militares y administrativas para evitar ser afectados por los bombardeos. Esta advertencia no es nueva, ya que días antes de la conmemoración del Día de la Victoria, celebrada el 9 de mayo, Rusia había instado a diplomáticos y extranjeros a abandonar la capital ucraniana por temor a un ataque masivo.
Durante el fin de semana, Rusia llevó a cabo una nueva oleada de ataques con misiles y drones en territorio ucraniano, utilizando misiles hipersónicos, incluido el Oréshnik, y cerca de mil drones en diversas operaciones. Las autoridades ucranianas reportaron al menos cuatro muertos, dos de ellos en Kiev, y casi un centenar de heridos a causa de estos bombardeos.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, condenó los ataques y acusó a Vladímir Putin de seguir golpeando «edificios residenciales con misiles». Según Zelenski, decenas de edificios y escuelas resultaron dañados, y el Museo de Chernóbil quedó prácticamente destruido, junto con otras instituciones culturales como el Museo de Arte Nacional.
La nueva ofensiva rusa incrementa la tensión internacional y genera temores de una escalada mayor en el conflicto entre Moscú y Kiev. Analistas sugieren que el uso de armamento hipersónico y los ataques a infraestructura estratégica podrían señalar una nueva fase de presión militar sobre Ucrania.
La comunidad internacional continúa observando con preocupación el deterioro de la situación humanitaria y el creciente riesgo para la población civil en las principales ciudades ucranianas.
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