Rolando Florián Féliz, conocido como «El Rey de Najayo», fue una figura emblemática en el mundo del narcotráfico en Barahona.
Su muerte, ocurrida el 19 de mayo de 2009, dejó muchas preguntas sin respuesta, especialmente sobre las razones detrás de su asesinato.
A lo largo de su vida, Florián Féliz fue considerado por las autoridades como uno de los narcotraficantes más temidos y sangrientos de la República Dominicana.
Se le acusaba de tener una compañía marítima que utilizaba para el transporte de drogas, lo que aumentaba su notoriedad en el bajo mundo.
Su carrera criminal comenzó en 1994 con el decomiso de 953 kilos de cocaína, lo que lo convirtió en el narcotraficante más buscado del país.
Aunque logró evadir la justicia durante dos años, finalmente fue arrestado en 1996 en Santo Domingo.
Muerte y controversias
Florián Féliz murió tras ser herido en un incidente en la cárcel de Najayo. El 16 de mayo de 2009, tras un altercado con un oficial de la Policía, recibió al menos siete balazos.
Su traslado al hospital fue tardío, lo que generó críticas sobre la atención médica en el penal.
Las circunstancias de su muerte han sido objeto de debate. Aunque la versión oficial sostiene que fue un acto de defensa propia, persisten dudas sobre cómo un recluso pudo tener acceso a un arma blanca y por qué disfrutaba de privilegios inusuales en su celda.
El caso de Florián Féliz ha dejado un legado de incertidumbre y preguntas sobre la corrupción en el sistema penitenciario dominicano. Su historia resalta la complejidad del narcotráfico en el país y la lucha de las autoridades por controlar a figuras tan poderosas.
Legado en el narcotráfico
A pesar de no ser considerado el narcotraficante más grande, Florián Féliz se convirtió en uno de los más famosos y temidos de la historia.
Su influencia fue tal que se construyó una celda especial para él, con lujos que contradecían su estatus de recluso.
Las investigaciones posteriores a su muerte revelaron que, a pesar de las medidas de seguridad, Florián Féliz había planeado acciones desde su celda, incluyendo la construcción de un túnel para escapar.
Esto demuestra la complejidad del control que los narcotraficantes ejercen incluso desde prisión.
Su legado sigue vivo en la memoria colectiva y en las narrativas sobre el narcotráfico en la República Dominicana, donde su figura representa tanto el poder como la corrupción en el sistema judicial y penitenciario.

