Rescatistas lograron salvar a Hernán Gil, un hombre que estuvo atrapado bajo 160 toneladas de escombros durante 183 horas tras los terremotos ocurridos en Venezuela el 24 de junio. El operativo, que se llevó a cabo en La Guaira, uno de los estados más afectados, fue calificado como uno de los más difíciles en la historia de la unidad de Bomberos de Chile. La operación involucró a equipos de rescate de varios países, quienes trabajaron incansablemente para localizar y liberar al vigilante.
Kevin Meyers, un rescatista estadounidense, destacó que nunca había enfrentado una misión tan desafiante en sus dos décadas de experiencia. La angustia y la incertidumbre se apoderaron de los socorristas, quienes finalmente celebraron la liberación de Gil alrededor de las 09:00 del 2 de julio. Este rescate trajo un rayo de esperanza a un país que ya había contabilizado más de 3,500 muertos por el desastre.
Gil se encontraba en el sótano de las Residencias Sol Marino Garden en Catia La Mar cuando ocurrieron los sismos. Mientras clamaba por ayuda y trataba de mantener la calma, los rescatistas comenzaron a buscarlo. Dos días después del desastre, equipos chilenos inspeccionaron el área y, tras recibir información de los vecinos, regresaron con radares para intentar localizarlo.
El 29 de junio, tras un nuevo temblor, equipos de El Salvador y Costa Rica intentaron acceder al lugar a través de un estacionamiento, pero no lograron orientarse. Fue en la madrugada del 30 de junio cuando, gracias a un túnel excavado por los chilenos, se escuchó la voz de Gil, lo que permitió a los rescatistas definir el rumbo de su búsqueda.
Los rescatistas le pasaron a Gil una sonda de hidratación y una minicámara para monitorear su estado. Sin embargo, el plan inicial se tornó inviable debido al alto riesgo de colapso. Con el apoyo de otros equipos, decidieron cambiar de estrategia, lo que aumentó la tensión mientras continuaban cavando.
Víctor Torres, del USAR Bomberos de Chile, relató la presión que sentían al avanzar en el túnel, ya que cada movimiento podía comprometer la estabilidad. A pesar de los riesgos, decidieron continuar, lo que permitió que la esposa de Gil, Gusbimar González, pudiera volver a abrazarlo tras ocho días de incertidumbre.
Sin embargo, cuando la salida de Gil parecía inminente, se encontraron con otro obstáculo: sus piernas estaban atrapadas en una silla. Los rescatistas sabían que Gil tendría que hacer un último esfuerzo para liberarse. Finalmente, con la ayuda de los rescatistas, logró salir, lo que desató una oleada de alivio y alegría entre todos los presentes.
El rescate de Gil no solo fue un triunfo para los rescatistas, sino también una lección de perseverancia y esperanza en medio de la tragedia. Este evento quedará marcado en la memoria de todos los involucrados, quienes aprendieron que, a pesar de las adversidades, siempre hay una luz al final del túnel.

