La República Dominicana enfrenta un nuevo ciclo de redefinición de su identidad, que se presenta cada treinta años, marcado por la necesidad de construir un Estado con autoridad técnica y legitimidad social. Desde la muerte de Trujillo en 1961, el país ha lidiado con la incertidumbre sobre el tipo de nación que desea ser, una pregunta que ha resurgido en diferentes formas a lo largo de las décadas.
El primer gran ciclo del siglo XX dominicano fue la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo, que duró de 1930 a 1961. Este régimen no solo representó un control político, sino que también estableció una cultura donde el poder personal reemplazaba a las instituciones, y la ciudadanía se subordinaba al mando.
El segundo ciclo, que abarcó desde 1961 hasta 1996, incluyó la caída de Trujillo, la crisis de abril de 1965 y la intervención estadounidense. Durante este periodo, el país intentó organizar su vida política tras el trauma autoritario, donde la pregunta central pasó de cómo obedecer a cómo competir políticamente sin destruirse.
A partir de los años noventa, la República Dominicana entró en un ciclo de reformas y modernización económica, caracterizado por el crecimiento del turismo y la inversión extranjera. Este periodo trajo consigo nuevas demandas sociales y una mayor inserción internacional, transformando al país en uno más urbano y complejo.
Sin embargo, este ciclo de modernización también dejó contradicciones, como desigualdades persistentes y una ciudadanía más activa frente a un Estado que a menudo no sabe manejar conflictos complejos. Aunque el ciclo 1990-2020 fue de avances, la discusión actual ya no se centra solo en el crecimiento, sino en la confianza y la legitimidad.
El nuevo ciclo, que comenzó alrededor de 2020, requiere mejores decisiones y no solo más leyes o discursos. La República Dominicana debe avanzar hacia una madurez institucional que permita a las instituciones actuar con criterio técnico y a la administración pública aplicar la ley de manera equitativa.
Esto implica que el Estado escuche a la ciudadanía sin ser rehén del ruido, que el sector privado comprenda la importancia de la legitimidad social y que las políticas públicas sean sostenibles más allá de los cambios de gobierno. La confianza debe ser un componente clave del progreso, no solo el crecimiento económico.
Cada treinta años, la República Dominicana se enfrenta a la pregunta esencial de quién quiere ser. En este nuevo ciclo, el desafío es construir las instituciones necesarias para responder a esta interrogante y avanzar hacia una sociedad más confiable y deliberativa.

