La reciente visita del influencer estadounidense conocido como IShowSpeed a la República Dominicana ha generado imágenes virales y millones de visualizaciones, además de abrir un debate sobre la imagen del país y quiénes están moldeando la percepción de la sociedad ante el mundo.
Más allá del entretenimiento, muchos dominicanos han expresado su preocupación por la normalización de antivalores promovidos por ciertos creadores de contenido, quienes convierten el desorden y la vulgaridad en un modelo aspiracional para los jóvenes. La discusión no busca censurar, sino reflexionar sobre la representación de un país que, aunque tiene contrastes sociales y culturales, no debe ser definido por los segmentos más visibles que no reflejan el esfuerzo y la educación.
Durante el recorrido del influencer por algunas zonas de Santo Domingo, muchos ciudadanos sintieron desconexión con lo que se mostraba. No porque esas expresiones no existan, sino porque no representan la esencia de una nación que ha sido ejemplo de crecimiento económico y resiliencia.
La República Dominicana también es el país del joven que estudia y trabaja, del emprendedor que comienza desde cero y del profesional que se forma para contribuir al desarrollo nacional. Es la nación del pequeño comerciante que se esfuerza cada día y del dominicano que se siente orgulloso de sus raíces.
Nuestro folklore es cultura, música y tradición, no caos. La identidad dominicana se basa en el trabajo, la creatividad y la capacidad de reinventarse ante la adversidad. Existe una generación que se prepara y trabaja por un futuro mejor, creyendo en el mérito y sacrificando comodidad por educación.
Además, hay empresarios que, lejos de los titulares, siguen confiando en el talento nacional. Estos empresarios invierten en capacitación y crean empleos, apostando por la República Dominicana incluso en tiempos inciertos, lo que ha sido fundamental para el crecimiento del país.
No se puede concluir que los excesos virales representan “la nueva República Dominicana”, ya que esto ignoraría a millones de ciudadanos que trabajan honestamente por un futuro mejor. El verdadero riesgo no radica en la visita de un influencer, sino en dejar que el ruido y la controversia eclipsen el esfuerzo y el mérito.
La conversación debe centrarse en el tipo de sociedad que queremos proyectar. La República Dominicana no puede ser reducida a unos minutos de contenido viral; es dignidad, trabajo, hospitalidad, cultura y esperanza, una historia que también merece ser contada.

