La República Dominicana, que lidera el crecimiento económico en América Latina con un aumento del 5% en su PIB, enfrenta un grave problema de recaudación, alcanzando solo un 14.3% del PIB, según la OCDE. Esta situación se debe en gran parte a la informalidad, que afecta al 49.6% de la fuerza laboral, lo que significa que casi la mitad de los trabajadores no tributan ni cuentan con seguridad social. La diferencia entre la recaudación dominicana y el promedio de América Latina y el Caribe, que es del 21.3%, representa una brecha de 7 puntos porcentuales del PIB, equivalente a más de US$8,000 millones anuales que el Estado no captura.
Impacto de la informalidad en la economía
El Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (CREES) señala que aproximadamente el 50% del sector productivo paga impuestos, enfrentando una presión tributaria efectiva cercana al 28–30%. La otra mitad de los trabajadores informales no contribuye, lo que crea una carga desproporcionada para quienes cumplen con sus obligaciones fiscales. Esta situación genera una percepción de baja presión tributaria, pero para los contribuyentes formales, la carga es considerable.
La formalización de la economía no se logrará mediante decretos o amenazas fiscales, sino a través de un enfoque integral que contemple cuatro ejes fundamentales. El primero es la educación financiera y tributaria, ya que el 57.7% de los trabajadores informales solo tiene educación secundaria y el 25.5% solo primaria. Sin un entendimiento básico sobre la tributación, es difícil fomentar una cultura de contribución.
Propuestas para la formalización
El segundo eje es la concientización sobre las ventajas de la formalidad. Muchos empresarios informales ven la formalización como un costo, no como una inversión. Para cambiar esta percepción, es necesario que la formalidad ofrezca beneficios tangibles, como acceso a crédito y programas de compras públicas.
El tercer eje se centra en la tecnificación y preparación de la mano de obra. Sectores como el comercio, la construcción y la agricultura, que concentran gran parte de la informalidad, requieren capacitación para aumentar su productividad. La formación técnica y programas de extensión son esenciales para que estos trabajadores puedan formalizarse.
Finalmente, el cuarto eje implica el acompañamiento estatal y el papel de las asociaciones empresariales. La formalización debe ser un proceso acompañado, donde el Estado facilite trámites y las asociaciones actúen como intermediarias entre los pequeños empresarios y el gobierno. Sin este apoyo, muchos seguirán en la informalidad.
Si la mitad informal de la economía comenzara a tributar a tasas similares a las de los formales, la presión tributaria podría aumentar entre 3 y 4 puntos del PIB, generando entre US$3,500 y US$4,600 millones adicionales al año. Estos recursos podrían financiar mejoras en el transporte público, educación técnica y otros servicios esenciales sin necesidad de nuevas reformas fiscales.
La República Dominicana no enfrenta un problema de crecimiento, sino de captura de riqueza. La economía produce y genera empleo, pero gran parte de esta actividad permanece fuera del radar fiscal. La formalización es vista como una inclusión y no como un castigo, y es crucial para el desarrollo sostenible del país.

