Recientemente, se ha generado un debate sobre el caos y la imprudencia que caracterizan el asueto de Semana Santa.
Aunque inicialmente decidí no abordar el tema, siento la necesidad de reflexionar sobre una realidad que, de continuar así, podría tener graves consecuencias.
La tranquilidad es un concepto que muchos no han llegado a experimentar. Nos estamos acostumbrando a vivir en medio del desorden y la violencia, lo que nos aleja de la paz que deberíamos disfrutar.
El caso del joven Deivi es un claro ejemplo de esta problemática. Su trágica historia debería hacernos cuestionar por qué no nos duele más.
La tristeza aún no ha llegado a nuestras puertas, pero cualquiera de nosotros podría ser la próxima víctima.
La realidad de los motoristas
Todos hemos tenido experiencias con motoristas o motoconchistas. La violencia y el caos que muchos de ellos llevan consigo son alarmantes.
Sin embargo, la falta de respuesta ante este desorden colectivo es evidente, ya que muchos evitan cumplir con su rol en la sociedad.
Durante la Semana Santa, se evidenció el descontrol: el ruido y el frenesí fueron solo una muestra de lo que podría venir si no se toman medidas adecuadas.
Es un llamado a la acción para no esperar a que la situación se vuelva insostenible.
Es responsabilidad de cada uno de nosotros contribuir a que la sociedad no continúe por este camino. Hay muchas personas de bien; no permitamos que los antivalores dominen y afecten a nuestros hijos.
Somos el reflejo de lo que vemos, oímos y consumimos.
Un llamado a la reflexión
Es momento de reflexionar y corregir lo que está mal, antes de que la violencia nos consuma.
La solución comienza desde la coherencia y el compromiso individual.
La autora, quien estudió Comunicación Social con mención en Periodismo y es estudiante de Sociología en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), nos invita a ser parte del cambio.
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