En República Dominicana, la discusión sobre la transparencia en las contrataciones públicas contrasta con la discrecionalidad en el manejo de la publicidad oficial, lo que limita las oportunidades para cientos de medios pequeños y medianos. Aunque la ley permite la contratación directa con medios de comunicación, en la práctica, no todos tienen las mismas oportunidades de participar.
Este es el núcleo del debate actual. La distribución publicitaria, a menudo manejada con discreción, tiende a concentrar recursos en los grandes medios tradicionales, dejando a los medios pequeños, digitales, regionales y a las PYMES de la comunicación prácticamente fuera del sistema.
Desigualdades en el ecosistema mediático
No existe un mecanismo equitativo que permita a todos competir bajo criterios claros de audiencia, contenido, alcance o impacto social. Las decisiones discrecionales predominan, creando desigualdades inevitables en el sector.
Esta situación ha generado deformaciones peligrosas en el ecosistema mediático. Algunos medios recurren al escándalo, la presión o incluso el chantaje comunicacional para atraer publicidad o contratos.
Mientras tanto, actores sin estructura periodística ni responsabilidad editorial, como ciertos “influencers”, logran captar inversiones significativas basándose en la viralidad o en relaciones políticas. Esto resulta en un mercado desigual donde muchos medios serios y pequeños carecen de oportunidades reales para crecer y sostener empleos.
La necesidad de un sistema más justo
La pregunta que surge es si se puede hablar de democratización de la comunicación cuando la mayoría de los recursos se concentran en pocas manos. La comunicación no debería depender de favoritismos o relaciones personales.
Es fundamental establecer un sistema más transparente y equilibrado que brinde a todos la oportunidad de participar en igualdad de condiciones. La falta de un marco justo afecta no solo a los medios, sino también al pluralismo informativo en el país.

