El Gobierno de Italia, liderado por la primera ministra Giorgia Meloni, ha decidido enviar 500 soldados adicionales a Milán para reforzar la seguridad pública tras los disturbios y saqueos ocurridos durante una manifestación pacífica por el aumento del costo de vida. Meloni calificó las imágenes de violencia como «inaceptables» y aseguró que no pueden ser minimizadas ni justificadas.
Los incidentes tuvieron lugar el pasado fin de semana, cuando grupos de jóvenes encapuchados comenzaron a vandalizar el centro de la ciudad y a saquear tiendas. Más de 270 personas han sido identificadas y denunciadas, la mayoría de ellas menores de edad, y alrededor de una treintena enfrenta cargos por diversos delitos.
Contexto de los disturbios
Aunque los disturbios también se registraron en otras ciudades como Turín y Bologna, la atención se centra en Milán, considerada la capital económica del país y un símbolo del norte de Italia, donde la ultraderechista Liga de Matteo Salvini tiene una fuerte influencia. La decisión de aumentar la presencia militar fue impulsada por el vicepresidente del Gobierno durante el Consejo de Ministros.
Los nuevos soldados se integrarán en la ‘Operación Calles Seguras’, que desde 2008 despliega 5,000 militares en puntos críticos del país para garantizar la seguridad. Es común ver soldados en las calles italianas, especialmente en áreas concurridas y monumentos emblemáticos.
Inicialmente, el Gobierno buscó que estos soldados pudieran realizar funciones policiales, como arrestar a los vándalos, pero la Jefatura del Estado lo impidió. Los militares solo acompañarán a las fuerzas del orden y permanecerán en Milán hasta el 31 de diciembre.
Problemas de seguridad y contexto social
La situación también pone de manifiesto la falta de agentes de policía, un problema que los sindicatos han denunciado. Aunque el Gobierno ha contratado 46,000 agentes desde octubre de 2022, reconoce que no son suficientes, y el sindicato CGIL ha indicado que se requieren al menos otros 350 policías solo en Milán.
El fenómeno de los disturbios también ha revelado la juventud de los asaltantes, muchos de ellos adolescentes o de segunda generación, conocidos como ‘maranza’, que se caracterizan por su estilo de vida ostentoso y actitudes provocativas. El ministro de Defensa, Guido Crosetto, ha atribuido estos altercados a una «guerra híbrida» que busca desestabilizar a los países europeos.
Además, el Gobierno de Meloni planea extender su doctrina de detención preventiva a menores de 18 años, lo que permitiría arrestar a quienes se consideren peligrosos durante manifestaciones. Esta medida se implementa en un contexto de creciente descontento social, a medida que el Gobierno se acerca al último año de su legislatura antes de las elecciones generales de 2027.
Los partidos de izquierda han condenado los asaltos, pero advierten sobre la necesidad de no criminalizar las protestas pacíficas. Algunos políticos, como Matteo Renzi, sugieren que Meloni podría estar utilizando la violencia callejera para desviar la atención de problemas sociales más profundos.

