En Buenos Aires, la policía y manifestantes se enfrentaron el jueves durante una masiva marcha que exigía al gobierno de Javier Milei el cumplimiento de una ley que actualiza el financiamiento de las universidades públicas. La protesta se desarrolló frente al Congreso, donde los trabajadores y estudiantes reclamaban mejores salarios y condiciones para la educación superior.
Marta Flores, trabajadora de la Universidad de Buenos Aires (UBA), expresó que «nuestro sueldo está perdiendo un gran poder adquisitivo y ya no aguantamos más». Los manifestantes demandaban que se respete una ley que ha sido aprobada en varias ocasiones, pero que el gobierno no ha implementado, alegando diversas excusas.
Eric Simonetti, profesor de filosofía de la Universidad de La Plata, también se pronunció sobre la situación, indicando que la pérdida de poder adquisitivo ha llevado a muchos docentes a renunciar, ya que sus salarios no son suficientes.
La quinta Marcha Federal Universitaria se llevó a cabo en medio de un clima de tensión, tras meses de huelgas y protestas en demanda del cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, aprobada en 2025 y confirmada por el Congreso, a pesar de un veto presidencial.
Además de la actualización de los salarios, la comunidad universitaria exige el aumento de las becas y fondos necesarios para garantizar el funcionamiento de las instituciones, así como el apoyo a la investigación científica y la enseñanza.
Desde el mediodía, filas de manifestantes, incluyendo familias, trabajadores y estudiantes independientes, comenzaron a movilizarse hacia la plaza del Congreso. La protesta también reunió a sectores vulnerables afectados por políticas de ajuste, como científicos, jubilados, personas con discapacidad y trabajadores de la salud.
Antes del inicio del acto central, las fuerzas de seguridad lanzaron gases lacrimógenos y chorros de agua a presión contra los manifestantes. La respuesta fue considerada desproporcionada, especialmente ante un grupo de aproximadamente ocho encapuchados que ocasionaron disturbios, lo que algunos medios calificaron como «infiltrados».
A pesar de la represión, los manifestantes continuaron con la protesta, enfrentando el aire irrespirable por los gases lacrimógenos que persistieron en la plaza durante más de dos horas.

