Entre el 9 de septiembre y el 29 de octubre de 2026, la Policía Nacional reportó la muerte de 104 jóvenes en lo que se describe como intercambios de disparos. Este alarmante número refleja un patrón de violencia que ha generado preocupación por el respeto a los derechos humanos en el país.
Durante este período de 45 días, solo se registraron cinco días de tregua en los que no hubo muertes reportadas. En septiembre, la Policía se detuvo un día, el 14, pero el 25 de ese mes se registró un pico trágico con la muerte de siete personas en un solo día.
En octubre, la situación no mejoró, ya que los agentes también se detuvieron en cuatro ocasiones: el 2, 12, 16 y 26. Sin embargo, el mes se caracterizó por un patrón de tres muertes diarias en diez jornadas distintas, lo que evidencia la gravedad de la situación.
Los datos indican que los martes son los días más letales, con un total de 20 fallecidos, seguidos de cerca por los miércoles y viernes, con 18 muertes en cada uno. Además, durante 17 días consecutivos se reportó al menos una persona fallecida a manos de la Policía.
Detrás de estas cifras se encuentran nombres, rostros y familias que claman por justicia. Las denuncias sobre la necesidad de una investigación se intensifican, así como las preguntas sobre las responsabilidades tanto individuales como institucionales en estos trágicos eventos.
La situación refleja un contexto marcado por la pobreza y el crimen, lo que complica aún más la respuesta a esta crisis de violencia. La comunidad exige respuestas y un cambio en la estrategia de seguridad pública.

