En el sur de Francia, Amandine Reynard ha comenzado a cultivar pistacho junto a sus viñedos debido a los efectos del cambio climático y la disminución del consumo de vino. Esta agricultora, que espera que sus hijos y nietos se beneficien de esta decisión, ha optado por diversificarse en un contexto donde muchos agricultores enfrentan desafíos similares.
Reynard y su esposo Matthias decidieron arrancar sus viñedos, una decisión difícil influenciada por la notable caída en el consumo de vino, especialmente el tinto. «No tuvimos otra solución que reinventarnos», señala Matthias, quien ha visto cómo otros en la región también se adaptan cultivando almendras o granadas.
Reinvención agrícola
En 2024, la pareja eligió el pistacho, un cultivo que había desaparecido de la región durante más de 200 años, con el apoyo del sindicato Francia Pistacho. Esperan plantar nuevos árboles en 2027 gracias a subvenciones estatales destinadas a apoyar la diversificación agrícola por el cambio climático.
A pesar de las olas de calor que marcaron el verano, los Reynard invirtieron en cepas de vino blanco con menor contenido alcohólico, adaptándose al mercado. La cosecha resultó positiva, aunque Matthias expresó su preocupación por el estado de las hojas de las vides, que parecen haber agotado su energía en la producción de uvas.
En contraste, los pistacheros han visto resultados inmediatos; los árboles produjeron frutos tras la canícula de agosto sin necesidad de riego. Amandine destaca que el pistacho crece de forma natural en condiciones áridas, lo que lo convierte en una opción viable en el contexto actual.
Alternativas al vino
En Castelnau-Valence, Jonathan Altier y Nicolas Dussaud, también viticultores, han optado por cultivar lentejas, que requieren menos agua que los viñedos. Jonathan explica que han tenido que buscar alternativas para seguir siendo productivos y resilientes ante los problemas del cambio climático.
La lenteja, rica en proteínas, se ha convertido en una opción atractiva para estos jóvenes agricultores, quienes también cultivan garbanzos. A pesar de los programas de arranque de viñedos financiados en Francia, muchos viticultores consideran que la ayuda de 4.000 euros por hectárea no ha sido suficiente para cubrir los costos de transición a nuevos cultivos.
La asociación de Jonathan y Nicolas, «Las perlas del Gard», ha comenzado a vender sus productos en mercados locales y ya tiene contratos con tres comedores de la región. Por su parte, los pistachos de los Reynard aún están en sus primeras etapas, con una producción de solo un kilo este verano, pero Amandine espera que en cuatro o cinco años puedan comercializar su cosecha.

