La dictadura de Rafael Leónidas Trujillo continuó su resistencia tras su asesinato el 30 de mayo de 1961, ya que sus familiares, liderados por Ramfis Trujillo, intentaron mantener el control del país. A pesar de la muerte del tirano, el régimen no desapareció de inmediato, y se desató una ola de persecuciones para dar con los responsables del magnicidio.
El 19 de noviembre de 1961, se ejecutó a seis de los principales conspiradores en la Hacienda María, en San Cristóbal, en un acto que se atribuyó a Ramfis Trujillo y sus colaboradores. Para encubrir este crimen ante la comunidad internacional, el régimen alegó que los revolucionarios habían asesinado a los custodios de los prisioneros, aunque esta versión no logró engañar a la población.
El complot contra Balaguer
Después de la matanza en la Hacienda María, Ramfis se reunió en la Base Aérea de San Isidro con su tío Petán y otros jefes militares leales para planear un complot contra el doctor Joaquín Balaguer, a quien consideraban un traidor. También se incluyó en la lista a otros líderes antitrujillistas, con el objetivo de reinstaurar el régimen dictatorial.
Para mantener el control, se ordenó dispersar los aviones de la Aviación Militar Dominicana (AMD) en diferentes puntos del país, excluyendo deliberadamente al general de brigada piloto Pedro Rafael Ramón Rodríguez Echavarría de estas decisiones. Sin embargo, un grupo de pilotos decidió actuar en rebeldía y se dirigió a la base aérea de Santiago bajo el mando del general Rodríguez Echavarría.
Este grupo de pilotos, liderado por Rodríguez Echavarría, fue crucial para el desmoronamiento del régimen trujillista. Junto a él, su hermano, el piloto Pedro Santiago Rodríguez Echavarría, y el teniente coronel piloto Manuel Durán Guzmán, quien ideó la estrategia militar, se unieron a otros oficiales como Raymundo Polanco Alegría y Federico Fernández Smester.
El teniente coronel piloto Nelton González Pomares también jugó un papel importante al dirigir el Grupo de Caza Bombardero, liderando una de las escuadrillas que enfrentó a las tropas leales a los Trujillo. Esta acción marcó un hito en la búsqueda de libertad en la República Dominicana.
Décadas después, la lucha por la libertad resonó en la política dominicana, con figuras como José Francisco Peña Gómez, quien creía que Balaguer no entregaría el poder pacíficamente. Peña Gómez sostenía que los derechos debían ser «arrancados» en lugar de mendigados, reflejando la urgencia de una lucha cívica.
La búsqueda de un estamento militar digno culminó el 24 de abril de 1965, cuando coroneles y oficiales constitucionalistas exigieron el retorno a la constitucionalidad, combatiendo incluso a fuerzas de ocupación extranjera. Peña Gómez utilizó esta expresión para referirse a aquellos militares valientes, no solo en 1965, sino durante todo el régimen de los Doce Años de Balaguer.

