Los resultados del contraperitaje realizado por expertos contratados por los hermanos Antonio y Maribel Espaillat concluyeron que el colapso del techo del Jet Set Club no fue causado por una sobrecarga ni por un aumento repentino de peso, sino por “un deterioro progresivo gradual e interno de la estructura combinado con defectos ocultos de construcción”.
La firma internacional Exponent Inc., encargada de la investigación, determinó que el colapso se debió a defectos de construcción y un deterioro interno de las vigas, factores que redujeron la resistencia de la estructura y que no podían detectarse mediante simple observación visual. Además, el informe señala que la mayoría de las grabaciones del momento del colapso tenían aproximadamente dos minutos faltantes, aunque algunos canales lograron captar fragmentos del evento.
Los expertos indicaron que las imágenes muestran personas y puertas siendo empujadas por una ráfaga de aire generada por el movimiento repentino del techo al desplomarse. Sin embargo, el informe aclara que los videos disponibles no aportan evidencia de una explosión dentro del edificio antes del colapso.
A pesar de esto, los peritos advierten que no se puede descartar completamente la posibilidad de un artefacto explosivo ubicado en áreas no visibles en las cámaras o sobre la parte superior de la estructura. El contraperitaje también critica el manejo inicial de la escena por parte de las autoridades, señalando que la evidencia “no fue adecuadamente documentada ni preservada”.
El informe detalla que los escombros fueron removidos de manera apresurada y trasladados a la Feria Ganadera sin un sistema de rastreo o documentación, lo que dificultó determinar la ubicación original de muchos elementos estructurales y afectó los análisis técnicos posteriores.
Los especialistas critican que no se evaluara correctamente el estado previo de la estructura antes del derrumbe, lo que pudo haber impedido detectar señales de deterioro progresivo que contribuyeron a la falla estructural. Además, se menciona que la exposición prolongada de los restos a la intemperie provocó corrosión en componentes metálicos esenciales.
El informe fue entregado al tribunal junto a anexos y memorias USB, realizado por los ingenieros José Manuel Lockhart Romero, Gabriel Carrera, Alfonso Francisco Ibarreta y Michael Gerard Murphy. Este contraperitaje, depositado el 14 de mayo de 2026 ante el juez Reymundo Mejía, sostiene que los videos analizados no muestran evidencia de una explosión previa al desplome ocurrido la madrugada del 8 de abril de 2025, tragedia que dejó 236 fallecidos.
Por su parte, el informe pericial del gobierno sostiene que el colapso se originó por un fallo por flexión de las vigas postensadas, provocado por el incremento de las cargas sobre el techo, lo que generó esfuerzos torsionales que comprometieron columnas estructurales. La Oficina Nacional de Evaluación Sísmica y Vulnerabilidad de Infraestructura y Edificaciones (Onesvie) determinó que el desplome fue causado principalmente por una sobrecarga estructural excesiva.

