Los partidos políticos dominicanos tienden a fortalecer su estructura y formación de dirigentes cuando están fuera del poder, pero pierden esa dinámica al llegar al gobierno. Esta tendencia no es exclusiva de una organización, sino que se observa a lo largo de diversas etapas de la democracia en el país.
Un claro ejemplo es el PRM, que, tras un rápido ascenso al poder, enfrenta el desafío de gobernar sin descuidar la construcción institucional y la formación continua de su dirigencia. Su éxito inicial se basó en un intenso trabajo de organización y preparación, pero ahora debe equilibrar la gestión pública con el desarrollo interno.
El PLD también vivió un proceso similar. Antes de convertirse en una potente maquinaria electoral, dedicó años a la formación política de sus miembros, inspirándose en la visión de Juan Bosch. Sin embargo, con el tiempo y el ejercicio prolongado del poder, esa disciplina se vio afectada por las exigencias administrativas. Actualmente, desde la oposición, vuelve a priorizar la capacitación y reorganización.
Por su parte, la Fuerza del Pueblo ha crecido en gran medida gracias a un proceso de expansión y formación política, a pesar de no haber gobernado aún. Muchos de sus líderes actuales han aplicado estrategias similares a las que utilizó el PLD en su ascenso al liderazgo nacional.
Esta situación refleja una ironía en la política dominicana: los partidos parecen valorar la formación y el contacto con su militancia solo cuando están fuera del poder. En esos momentos, resurgen las escuelas de formación y los programas para preparar nuevos liderazgos.
Si bien gobernar requiere tiempo y recursos, no debería implicar el abandono de la vida partidaria. Un partido que deja de formar a sus dirigentes mientras está en el poder corre el riesgo de depender únicamente de la popularidad de sus líderes o del control administrativo.
La democracia necesita partidos activos y comprometidos, no solo estructuras electorales. Se requieren organizaciones que fomenten el pensamiento crítico y la formación de líderes tanto en la oposición como en el gobierno, entendiendo que la institucionalidad se construye diariamente.
Si la formación política solo se da en la oposición, no se está fortaleciendo a los partidos, sino simplemente preparándose para la próxima campaña electoral.
Te puede interesar...
