PARÍS.- Este sábado, numerosos ciudadanos protestaron en París con máscaras, desafiando el estricto veto francés que prohíbe su uso en manifestaciones. La universitaria Shana, de 21 años, expresó que, a pesar de las advertencias policiales y el riesgo de multas, el descontento de varios sectores se hizo presente en las calles por tercer sábado consecutivo, en medio de un amplio despliegue de seguridad.
La coincidencia de la celebración de Halloween con la manifestación generó preocupación en la policía, aún impactada por los disturbios del 17 de octubre, cuando más de 3,000 comercios fueron saqueados y edificios públicos incendiados en Francia. La legislación francesa establece que ocultar el rostro en una manifestación puede acarrear sanciones de hasta 1,500 euros, al considerarse una forma de encubrir la identidad para cometer actos vandálicos.
Shana, consciente del riesgo, mencionó que ella y sus compañeras sienten «miedo» al usar mascarillas FFP2 para protegerse de los gases lacrimógenos durante las cargas policiales. La manifestación, con un recorrido autorizado desde la Porte de Bagnolet hasta la de Charenton, reunió a un grupo diverso en edades y demandas, que comenzó con un ambiente festivo característico de Halloween.
Bajo un suave sol otoñal, pancartas críticas contra las prohibiciones de manifestación y los toques de queda se mezclaron con disfraces de personajes de la cultura pop, como Mario Bros y Batman. Un joven de Malakoff, disfrazado de Shrek, criticó la prohibición señalando que «es totalmente ridícula» y expresó su deseo de mejorar el poder adquisitivo.
Las principales razones para la movilización de decenas de miles de personas incluyeron el aumento del costo de la vida y la mejora de las condiciones de estudio para los estudiantes. Además, se alzaron voces contra la violencia policial y en apoyo a las minorías, especialmente tras el ataque racista en Trappes que resultó en la muerte del joven Pengo.
Los manifestantes también exigieron la prohibición de canales ultraconservadores como CNews, acusados de propagar el racismo. Dos mujeres, una de ellas de origen magrebí, mostraron pancartas que reflejaban el malestar de quienes se sienten «ciudadanos de segunda», con mensajes como «Demasiado negra para vivir en Francia».
Las críticas se centraron en la figura de Marine Le Pen, líder ultraderechista, y el presidente Emmanuel Macron. Marion, trabajadora del sector cultural, expresó su frustración diciendo: «Estamos hartas de ser los bufones del rey Macron», y añadió que se manifiesta en solidaridad con los demás, destacando la naturaleza global del movimiento.

