El 24 de octubre se conmemora la entrada en vigor de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que este año cumple 81 años en medio de crisis globales como las de Gaza, Ucrania, Sudán, Irán, Yemen y Haití. A pesar de su misión de mantener la paz, la ONU enfrenta dificultades para actuar efectivamente debido a las limitaciones impuestas por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, que poseen el poder de veto. En los próximos días, Cuba volverá a solicitar el fin de un bloqueo que la Asamblea General condena anualmente desde 1992.
La ONU fue creada tras la Segunda Guerra Mundial, cuando 50 países firmaron la Carta en San Francisco el 26 de junio de 1945, y entró en vigor el 24 de octubre del mismo año. Aunque su preámbulo comienza con «Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas», solo cinco naciones, entre ellas Estados Unidos y Rusia, tienen asientos permanentes y el poder de veto, lo que limita la capacidad de la organización para actuar de manera efectiva.
Logros y desafíos
La Carta de la ONU prometió mantener la paz, proteger los derechos humanos y afirmar la igualdad soberana de todos los Estados. Sin embargo, el artículo 27 contradice esta igualdad, al permitir que cualquier decisión del Consejo de Seguridad sea bloqueada por uno de los cinco miembros permanentes. A pesar de estos desafíos, la ONU ha logrado hitos significativos, como la erradicación de la viruela y la protección de millones de desplazados a través de ACNUR.
Desde 1945, el mundo no ha conocido un solo año sin guerras, y aunque la ONU ha negociado treguas y desplegado fuerzas de paz, su papel ha sido más de administración que de solución. En el caso de Ucrania, por ejemplo, Rusia ha vetado cualquier resolución que la critique, mientras que la Asamblea General ha condenado la invasión sin poder obligar a su cumplimiento.
El dilema del veto y la justicia internacional
El veto de los cinco miembros permanentes ha permitido que algunas guerras sean juzgadas y otras no. En el caso de Cuba, el bloqueo ha sido condenado repetidamente por la Asamblea General, pero sin efecto vinculante. En contraste, la intervención militar de EE. UU. en Venezuela y los ataques a Irán han suscitado críticas, pero la ONU ha tenido poco poder para actuar.
Las crisis humanitarias en Sudán, Yemen y Siria son ejemplos de la incapacidad de la ONU para ofrecer soluciones efectivas. La organización enfrenta recortes presupuestarios y una reducción de personal, lo que limita su capacidad de respuesta ante emergencias globales.
Las propuestas para reformar la ONU incluyen limitar el veto en casos de genocidio y ampliar la representación en el Consejo de Seguridad. Sin embargo, la voluntad política de los Estados que pueden implementar estos cambios sigue siendo un obstáculo. La próxima elección del secretario general en 2026 podría ser un punto de inflexión, dependiendo de quién asuma el cargo y cómo aborde estas cuestiones.
Con 81 años de historia, la ONU sigue enfrentando el desafío de adaptarse a un mundo en constante cambio. La falta de acción efectiva en conflictos actuales resalta la necesidad de reformas que permitan a la organización cumplir con su misión de mantener la paz y la seguridad internacionales.

