La violencia sexual utilizada como arma de guerra ha aumentado más de un 100 % en zonas de conflicto desde 2024, según un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Este alarmante incremento afecta especialmente a mujeres, niñas y otras poblaciones vulnerables, lo que refleja una crisis humanitaria cada vez más grave.
Pramila Patten, representante especial de la ONU para la Violencia Sexual en los Conflictos, calificó la situación como “sombría” y destacó el impacto negativo de los recortes de financiación en la capacidad de respuesta de la organización. Estos recortes, impulsados principalmente por Estados Unidos, han afectado severamente programas esenciales en países como Afganistán, Mali, Somalia, República Centroafricana, Palestina y Yemen.
La advertencia de la ONU coincide con el 18.º aniversario de la resolución que reconoció la violencia sexual como táctica de guerra y con el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos, que se conmemora el 19 de junio. Según el informe, más del 90 % de los casos verificados fueron cometidos contra mujeres y niñas.
Haití lidera la lista de países con más casos documentados, con 1,863 reportes, seguido por la República Democrática del Congo con 1,534 y Sudán con 501. En Yemen, la ONU ha registrado 12 casos, aunque organizaciones humanitarias advierten que la cifra real podría ser mucho mayor debido a las dificultades para documentar estos delitos.
La reciente inclusión de Israel y Rusia en la lista de países que utilizan la violencia sexual como arma de guerra marca un nuevo capítulo en los esfuerzos internacionales para combatir estas prácticas. Patten indicó que ambos países fueron incluidos tras no implementar medidas preventivas recomendadas por el Consejo de Seguridad de la ONU.
En el caso de Israel, se documentaron 31 casos de violencia sexual atribuidos a fuerzas de seguridad israelíes, mientras que en Rusia se verificaron 310 casos. Patten señaló que Moscú no ha respondido a las notificaciones enviadas por la ONU desde agosto del año pasado.
La disminución de fondos está afectando la atención a las sobrevivientes de violencia sexual en zonas de conflicto. En Afganistán, se han cerrado 400 centros de salud y más de 100 instalaciones especializadas en atención a víctimas de violencia de género. En República Centroafricana, Mali y Somalia, se han reducido más del 70 % de los refugios y servicios de apoyo.
Patten lamentó que muchas mujeres y niñas no estén recibiendo atención médica urgente dentro de las primeras 72 horas posteriores a una agresión, un período crucial para prevenir embarazos y otras consecuencias graves. La funcionaria advirtió que la oficina se encuentra en un punto de inflexión y reiteró el llamado a la comunidad internacional para reforzar el respaldo económico a los programas de protección y asistencia.
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