En el noreste de Brasil, comunidades empobrecidas, como la de Potengi en Ceará, han votado masivamente por Luiz Inácio Lula da Silva, quien recibió el 84 % de los sufragios en la primera vuelta de las elecciones. Para muchos, como el agricultor Luiz Rodrigues, la política es crucial para su supervivencia en una región marcada por la sequía y la pobreza extrema. Lula es visto como el único mandatario que ha prestado atención a sus necesidades.
La región del «sertão», caracterizada por su clima semidesértico, se tiñó de rojo en la noche electoral del 4 de octubre, reflejando el apoyo abrumador hacia el Partido de los Trabajadores (PT). En Potengi, el PIB per cápita es menos de un tercio de la media nacional, lo que obliga a los habitantes a trabajar desde antes del amanecer para escapar del calor.
Luiz, de 71 años, recuerda cómo su vida ha estado marcada por el sacrificio y la lucha por la supervivencia. A lo largo de su vida, ha enfrentado la dura realidad de que la mitad de sus ingresos se destinaban a la compra de alimentos, mientras que la otra mitad iba para su patrón. Su admiración por Lula comenzó en 1979, al ver las huelgas sindicales en São Paulo, lo que lo llevó a involucrarse en el Sindicato de Trabajadores Rurales y, posteriormente, en el PT.
Desde su primera candidatura en 1989, Luiz ha votado por Lula, desafiando las opiniones de sus vecinos. A pesar de ser considerado un campesino tímido, se opuso a las injusticias y defendió su derecho al voto. Su familia depende de las 20 hectáreas que poseen y de los recursos que el Gobierno les ha proporcionado a través de programas de microcréditos rurales.
Con el apoyo del Gobierno, Luiz ha logrado construir un ecosistema autosuficiente en su terreno, que ahora alberga ocho cerdos, gracias a la colaboración con sus vecinos. Además, ha instalado un sistema de canalizaciones subterráneas y biodigestores que le permiten generar biogás a partir del excremento de los animales.
La casa de Luiz, iluminada por un programa de energía del primer Gobierno de Lula, también cuenta con una huerta familiar que se mantiene gracias a un sistema de almacenamiento de agua, creado en 2011 durante la gestión de Dilma Rousseff. Este sistema ha sido fundamental para cultivar hortalizas y legumbres en un clima tan adverso.
Sin embargo, tras la primera vuelta de las elecciones, la comunidad enfrenta un futuro incierto. Existe un temor generalizado de que, si el ultraderechista Flávio Bolsonaro gana en la segunda vuelta, se descontinúen las políticas públicas que han beneficiado a la región. Luã Almino, presidente del PT en Potengi, expresa que el desamparo del Gobierno podría ser devastador.
Luiz advierte que el pueblo corre el riesgo de caer en manos de quienes se alían con intereses extranjeros, lo que podría resultar en un retroceso para quienes han sido beneficiados por las políticas de Lula. Su reflexión se asemeja a la historia bíblica de los espías que, tras cruzar el Mar Rojo, se rebelaron y perdieron la oportunidad de alcanzar la Tierra Prometida.

