La muerte por ahogamiento de un niño de siete años en un balneario de Bayaguana, provincia Monte Plata, ha reavivado el debate sobre la seguridad en estos espacios recreativos. El menor, que residía en El Tamarindo, Santo Domingo Este, falleció mientras se bañaba con su familia en el balneario conocido como “La Jorqueta”. Este trágico suceso ocurrió en un contexto de alto riesgo que había sido previamente advertido.
A pesar de las condiciones peligrosas, balnearios como “La Jorqueta” permanecieron abiertos, recibiendo una gran cantidad de visitantes cada fin de semana largo sin controles visibles ni medidas restrictivas. Tras el incidente, el niño fue auxiliado por unidades del Sistema Nacional de Atención a Emergencias y Seguridad 911 y trasladado a un centro de salud, donde llegó sin signos vitales.
Versiones contradictorias
Sin embargo, testimonios de la zona sugieren que, ante la desesperación y la aparente falta de respuesta inmediata, el niño fue sacado del lugar en un motor, en brazos de una mujer, en un intento urgente por llevarlo a un centro médico. Aunque estas versiones no han sido confirmadas oficialmente, reflejan las dificultades de acceso y respuesta en una área donde las condiciones de las vías, empeoradas por las lluvias, pueden retrasar la llegada de unidades de emergencia.
La discrepancia entre ambos relatos resalta la necesidad de que las autoridades aclaren los tiempos de respuesta y el manejo del caso. Más allá de la respuesta posterior, este evento pone de manifiesto una falla estructural en la gestión de estos espacios recreativos.
A pesar de tener conocimiento previo sobre el desbordamiento de los ríos, las autoridades locales no cerraron preventivamente los balnearios ni establecieron controles de acceso, ignorando el evidente peligro que representaban las condiciones del agua. En lugares como “La Jorqueta”, donde la afluencia puede alcanzar cientos de personas, no se observa la presencia permanente de equipos de salvamento, ambulancias fijas ni protocolos claros ante eventos climáticos adversos.
Demandas de acción
La muerte del menor se suma a una preocupante serie de incidentes que, lejos de ser inevitables, responden a un patrón de desorden y falta de acción preventiva. Margarita de la Rosa, residente en la zona, expresó que “la muerte de este niño no puede seguir archivándose como un hecho lamentable más” y agregó que permitir el acceso masivo a estos balnearios en condiciones peligrosas es un acto de negligencia.
“Cada minuto sin prevención, cada balneario abierto sin control, cada ausencia de equipos de rescate en zonas de alta concentración humana, acerca una tragedia que luego se intenta explicar, cuando ya es irreversible”, afirmó de la Rosa. “Hoy fue un niño de siete años. Mañana, si todo sigue igual, será otro nombre, otra familia, otro dolor”, concluyó.
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