Los recientes hechos de violencia en espacios públicos en la República Dominicana evidencian que, a pesar de los avances reportados en seguridad ciudadana, todavía existen desafíos que afectan la percepción de seguridad de la población. Las autoridades han señalado mejoras en algunos indicadores, como la reducción de homicidios y una mayor coordinación operativa de la fuerza pública.
El Gobierno ha implementado un nuevo modelo de patrullaje preventivo, que busca fortalecer la presencia policial y reducir los tiempos de respuesta ante incidentes. Sin embargo, la percepción de seguridad de la ciudadanía no siempre coincide con las estadísticas oficiales, ya que las personas viven lo que ocurre en las calles.
Hechos recientes de violencia
En Santiago, Deivy Abreu Quezada, un conductor de camión recolector de basura, fue asesinado tras un incidente vial relacionado con un alegado cobro compulsivo. Este hecho ocurrió en el parqueo del Palacio de Justicia, un lugar asociado a la autoridad, lo que generó un mayor desconcierto entre los ciudadanos.
Asimismo, en el sector Don Pedro de Santiago, se reportó el hallazgo del cadáver de Wiliam Manuel Peña, quien fue lanzado desde una motocicleta en plena vía pública. La crudeza de esta escena refuerza la preocupación sobre la capacidad de contención de la violencia en la sociedad.
Otro caso alarmante fue el asesinato de Fray José Alcántara Báez en Boca Chica, quien recibió más de 80 disparos desde un vehículo en movimiento, lo que también dejó a una mujer herida en una vivienda cercana. Este tipo de violencia plantea interrogantes sobre la efectividad de la respuesta policial en situaciones críticas.
La percepción de seguridad
Aunque no todos los casos pueden ser evitados, surge la pregunta sobre si una presencia policial más visible podría haber permitido una reacción más rápida ante estos episodios. La seguridad no solo se mide por los delitos ocurridos, sino también por aquellos que pudieron evitarse gracias a la intervención policial.
El patrullaje territorializado se presenta como una herramienta para mejorar la cercanía con las comunidades y anticipar situaciones de riesgo. Sin embargo, el desafío radica en cómo se siente esa presencia en las calles y en la percepción de vulnerabilidad que generan los hechos violentos.
Los ciudadanos pueden escuchar que los homicidios han disminuido, pero si son testigos de asesinatos en lugares públicos, su sensación de seguridad se ve afectada. Esto ha generado un clima de cansancio y ansiedad en la población, donde ciertos hechos de alto impacto emocional pesan más que las estadísticas.
Por lo tanto, es crucial que las autoridades no solo se enfoquen en reaccionar después de un crimen, sino que también se dediquen a prevenir y disuadir la violencia. La confianza de la sociedad en la seguridad pública se ve amenazada cuando la percepción de vulnerabilidad predomina sobre la sensación de protección.
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