La República de Haití enfrenta un colapso institucional que ha permitido a las bandas criminales, lideradas por Jimmy Chérizier, conocido como «Barbecue», convertirse en la autoridad de facto del país. Este fenómeno se ha intensificado tras décadas de crisis económica y fallidas intervenciones internacionales, donde el Estado formal ha desaparecido, dejando un vacío de poder que las facciones armadas han llenado. La coalición de Chérizier, denominada Viv Ansanm, controla más del ochenta por ciento de Puerto Príncipe y sus principales vías logísticas.
La situación en Haití representa una transformación del poder absoluto, donde el concepto de «L’État, c’est moi» se ha transformado en «L’État, c’est we», un modelo que excluye a la ciudadanía democrática y establece un control coercitivo por parte de grupos armados. Este cambio se manifiesta en la sustitución de las funciones estatales tradicionales, donde la extorsión ha reemplazado al cobro de impuestos y la justicia ha sido suplantada por tribunales callejeros que aplican castigos extremos.
Chérizier y los líderes de Viv Ansanm han creado un neofeudalismo urbano, donde cada cabecilla de banda actúa como un señor de la guerra en su comuna, formando un directorio armado que influye en decisiones políticas y paraliza la actividad gubernamental. Este nuevo orden es más complejo de desmantelar que una dictadura tradicional, ya que el poder se encuentra fragmentado entre múltiples líderes que se benefician de la economía ilícita y la miseria de la población.
Las bandas han logrado integrarse en el tejido social mediante un clientelismo que alterna el terror con la entrega ocasional de ayuda, generando una dependencia en comunidades que carecen de servicios básicos. Así, el grupo armado se convierte en el único proveedor de un orden precario, ejerciendo control sobre la vida diaria de los ciudadanos.
La historia de Haití refleja un cambio en la naturaleza del poder en el siglo XXI, donde el fracaso de la democracia para garantizar la seguridad y lo esencial deja un vacío que es llenado por la violencia y el crimen organizado. Sin una intervención efectiva de la sociedad civil y la comunidad internacional, el país seguirá bajo el dominio de un puñado de hombres armados que han tomado el control total.

