El presidente francés, Emmanuel Macron, condenó los disturbios y saqueos ocurridos en varias ciudades de Francia, prometiendo un diálogo social urgente para abordar las demandas de los ciudadanos ante la inflación. La declaración se produjo tras una jornada de protestas que dejó un saldo de 2.397 detenciones y 997 policías heridos.
Durante un discurso televisado, Macron expresó su «ira y vergüenza» por los incidentes violentos que se registraron, especialmente en París, donde se llevaron a cabo ataques a edificios públicos y daños a comercios. Atribuyó los actos de vandalismo a grupos de extrema izquierda y delincuentes, diferenciando entre ellos y los manifestantes con demandas legítimas.
El presidente instó al Gobierno y al ministro del Interior, Laurent Nuñez, a evaluar la gestión policial durante las protestas y a garantizar la transparencia en sus acciones. Además, anunció que los prefectos tendrán la autoridad para prohibir concentraciones en ciertas áreas para proteger la seguridad pública y los comercios, cuyos daños se estiman en cientos de millones de euros.
Macron también pidió a los partidos políticos que condenen la violencia de manera clara, subrayando que el país necesita «orden y calma» en lugar de una escalada de conflictos. Esta declaración se produce a seis meses de las elecciones presidenciales, donde se espera que los candidatos de los extremos, Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon, sean protagonistas.
Para abordar las demandas sociales, el primer ministro, Sébastien Lecornu, convocará en los próximos días a representantes políticos, sindicatos y organizaciones estudiantiles para discutir propuestas concretas. Macron enfatizó que las respuestas deben surgir del diálogo y las instituciones democráticas, no de la violencia.
Las reacciones políticas no se hicieron esperar. Jordan Bardella, presidente de la Agrupación Nacional, criticó duramente a Macron, calificando su respuesta como «lamentable». Por su parte, Marine Le Pen lo descalificó como un «presidente sin crédito ni autoridad».
Desde la izquierda radical, Manuel Bompard, coordinador de La Francia Insumisa, consideró irresponsable el discurso de Macron y exigió una respuesta política adecuada a las demandas de los manifestantes. La líder ecologista, Marine Tondelier, también expresó la necesidad de trabajar en soluciones a las crisis sociales y medioambientales.
A pesar de las declaraciones, los disturbios continuaron el domingo, con enfrentamientos en la plaza de la República en París y nuevos saqueos en comercios. La Prefectura de Policía reportó al menos 25 detenciones adicionales durante estos incidentes.
El Ministerio del Interior contabilizó un total de 2.397 detenciones en toda Francia durante las protestas, reflejando la magnitud de la crisis social que enfrenta el país.

