El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, viajará este miércoles a Washington para reunirse el jueves con su homólogo estadounidense, Donald Trump, en un encuentro que se había programado inicialmente para marzo, según informaron fuentes oficiales.
La reunión, que será una «visita de trabajo», se llevará a cabo en la mañana del jueves y se considera menos formal que una reunión bilateral tradicional. Ambos líderes, representantes de las dos mayores democracias de América, buscarán discutir temas económicos y de seguridad, así como revisar las relaciones bilaterales y la situación internacional, donde existen importantes diferencias.
En las últimas semanas, Lula y Trump han expresado posturas divergentes sobre varios temas, incluyendo la situación en Venezuela, Cuba, Gaza e Irán. Lula aprovechará la reunión para abordar la reducción de aranceles a las exportaciones brasileñas, así como acuerdos en minerales raros y el fortalecimiento de la cooperación bilateral en la lucha contra el crimen organizado.
El vicepresidente de Brasil, Geraldo Alckmin, comentó en una entrevista que se espera avanzar en la revisión de aranceles, especialmente en sectores clave como el automotriz y el metalúrgico. Además, Lula buscará reforzar la cooperación en la lucha contra organizaciones criminales, que Estados Unidos ha considerado como terroristas.
Alckmin destacó que hay oportunidades para mejorar el control de flujos financieros y la investigación de redes criminales. La visita de Lula se produce en un contexto de tensiones diplomáticas entre Brasil y Estados Unidos, exacerbadas por la reciente expulsión de un agente policial brasileño en Miami.
Esta situación llevó a Brasil a retirar las credenciales de un funcionario estadounidense en Brasilia y a presentar una protesta formal. El viaje, que ha sido postergado sin explicaciones desde marzo, también se da en medio de roces previos, como la negativa de Brasil a otorgar un visado a un asesor vinculado a Trump.
Estas tensiones coinciden con un aumento de las críticas de Lula hacia la política exterior estadounidense, en el marco de su estrategia electoral, ya que busca ser reelegido en octubre para un cuarto mandato no consecutivo.

