La victoria del presidente Luiz Inácio Lula da Silva sobre Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de este domingo en Brasil demuestra la habilidad del líder progresista para movilizar a los votantes que temían un regreso del bolsonarismo al poder. Lula logró revertir un resultado desfavorable de la primera vuelta, donde obtuvo el 45 % frente al 47 % de Bolsonaro, alcanzando un 51.8 % en la segunda vuelta.
La campaña de Lula se centró en la defensa de los derechos sociales y la protección ambiental, convirtiendo el temor a un nuevo gobierno bolsonarista en un motor clave de movilización. El presidente y sus aliados advirtieron sobre los riesgos de un retroceso en derechos sociales y democráticos, recordando las controversias del gobierno de Jair Bolsonaro y los ataques del 8 de enero de 2023 contra las instituciones en Brasilia.
Esta estrategia permitió a Lula atraer a sectores que, aunque críticos de su gestión, consideraban que una victoria de Bolsonaro representaba un riesgo mayor. Además, Lula defendió el programa de subsidios «Bolsa Família» como una herramienta esencial para combatir la pobreza, lo que fortaleció su vínculo con los sectores de menores ingresos, especialmente en el nordeste, la región más empobrecida del país.
El rechazo a la familia Bolsonaro también fue un factor determinante que superó el desgaste del presidente. A pesar de las críticas que enfrentaba por la economía y controversias políticas, la segunda vuelta no se centró en evaluar su gestión, sino en evitar el regreso de la ultraderecha al poder.
La campaña de Lula se reformuló para intensificar su presencia en redes sociales y en la calle, buscando movilizar a los electores que no habían votado en la primera vuelta y captar el apoyo de quienes respaldaban a candidatos eliminados. Un elemento clave fue el canal de WhatsApp «Exército do Lula», que alcanzó diez millones de seguidores y distribuyó mensajes y videos para amplificar el apoyo al presidente.
Uno de los momentos más significativos de la remontada de Lula ocurrió en Minas Gerais, el segundo mayor colegio electoral de Brasil. Allí, logró revertir el resultado desfavorable de la primera vuelta, donde obtuvo el 43 % frente al 48 % de Bolsonaro, y ganó en la segunda vuelta con un 50.4 % frente al 49.6 % del opositor.
Minas Gerais es considerado un estado bisagra en las elecciones brasileñas, ya que su comportamiento electoral ha coincidido con el del ganador de la presidencia en múltiples ocasiones desde la redemocratización. Su importancia demográfica y su diversidad social y económica lo convierten en un territorio decisivo en el panorama electoral del país.

